José Pérez-Guerra
Jueves, 11 de agosto de 2011
Asociaciones valencianas de arte partidos de la oposición

Piden el cese de Consuelo Ciscar como directora del IVAM

[Img #7086]En la Comunidad Valenciana se han puesto de acuerdo las asociaciones de críticos de arte, de artistas visuales, y de mujeres en las artes para pedir a la Generalitat el cese de la directora del Instituto Valenciano de Arte Moderno, IVAM, Consuelo Ciscar. Y a la exigencia, más que solicitud, se ha sumado el Partido Socialista cuyo portavoz de Cultura en las Cortes, Juan Soto, ha dicho “que Fabra destituya a Consuelo Ciscar ya”. Sumando que se agranda con el de la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana que hace suya la carta abierta “En defensa del IVAM” entregada al nuevo presidente.

La exigencia, que no llega de improviso, se hace notar más cuando se desaprovecha el cambio de presidente de la Generalitat para terminar con una etapa escasamente valorada por los ‘abajo firmantes’, que critican la labor de la directora puesta a dedo, como si a dedo no se hubieren colocado los anteriores gestores del Instituto, desde Carmen Alborch a Ivars, Bonet y los demás. Sustitución que debería hacerse mediante concurso internacional entre profesionales solventes, a fin que el IVAM quede fuera de los enjuagues políticos y se conduzca a tenor de sus posibilidades, que en el caso del IVAM son muchas.

El IVAM como proyecto de la Consejería de Cultura regida por Cipriá Ciscar (hermano de Consuelo) y hecho realidad por el empeño de Tomás Llorens que entonces, hace 22 años, era director general de Patrimonio Artístico, quien logró que los herederos de Julio González donaran y vendieran una parte sustancial de la obra del escultor, fondo que constituyen los cimientos de una institución que se interesa por el arte valenciano y español, desde un planteamiento universalista, característica -su alma- puesta de manifiesto en sus distintas etapas. Pero con la llegada de Consuelo Ciscar, la dirección del Instituto, ajena a la profesionalidad de los gestores anteriores, entra en una nueva dimensión. Y, para nosotros, se perdió el sentido de la medida.

Porque no se puede estar en misa y repicando; en la atención de unos fondos en continuo crecimiento y la organización de programas, y ser a la vez comisaria de exposiciones y hasta historiadora o crítica en publicaciones de la casa. El IVAM ha sido un embajador del arte y la cultura hispana en el mundo; pero estar en ese mundo tiene un coste elevado, máxime cuando se lleva un legado con sus riesgos “hasta el fin del mundo” como si la Patagonia fuera un objetivo a considerar. Y siempre con la presencia de una directora que hace kilómetros a base de los presupuestos públicos, se retrata como comisaria y expone todo lo que sabe o le redactan en los artículos firmados.

Ante una manera de hacer, que no gusta, ni se comporta con la racionalidad de los presupuestos, debía ser Consuelo Ciscar la que, en vez de ocuparse en buscar defensores, diese por terminada su etapa al frente del IVAM.

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