José Pérez-Guerra
Miércoles, 31 de agosto de 2011

La ‘Cultura’ politizada genera gastos superfluos e hipoteca el futuro

[Img #7188]Albert Boadella ha declarado que “el despilfarro de la Administración en el arte ha durado mucho”, opinión que compartimos una mayoría de españoles ante el chorro de subvenciones y ayudas de todo tipo, que el sector público destina a lo que entra en la calificación de Cultura; reduccionismo que limita el ‘cultivo de las facultades mentales’ a oficios y empresas del mundo del espectáculo, con otras actividades calificadas de artísticas, nunca o pocas veces rentables. El esfuerzo de emprendedores y científicos, los que han logrado inventos en múltiples campos del conocimiento, son, por lo que se ve, simples empresas comerciales o industrias que deben atenerse a sus cuentas de resultados.

Las palabras de Boadella resultan muy oportunas en un momento en que los dos grandes partidos –populares y socialistas- tratan de poner orden en las cuentas del Estado buscando acabar con el escándalo de los déficits. Déficits que se han producido por la actuación de una clase política acostumbrada a tirar de chequera para múltiples proyectos insolventes y acciones surrealistas, sin tener en cuenta que gastan lo que no se ha producido e hipotecan en futuro de las generaciones futuras.

Aeropuertos sin sentido económico -Huesca, Ciudad Real o Castellón-; centros sociales o culturales que hay que mantener abiertos... Antonio Bonet Correa, director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, declaraba hace unas semanas que “en España hemos construido museos que no tienen contenido ni fondos, por pura megalomanía, y ahora resultan muy difíciles de mantener”. Y agrega: “con el atractivo de la novedad, nos damos a una modernidad mal entendida”.

Mal entendidos los términos Progreso, Cultura, Modernidad... porque en los tres, que se resumen en uno, el Trabajo y los Resultados son los remos indispensables para que el barco de la Humanidad mantenga el buen rumbo. Con el natural rendimiento. Con los impuestos de la sociedad, que se pagan para contar con servicios comunes adecuados, no se debiera seguir manteniendo sectores que nunca crecerán mientras ‘papá Estado pague’. Porque se desentienden del mercado, realidad que se refleja por ejemplo en el cine español que, en 2010, perdió ocho millones de espectadores, según datos del Instituto del Cine. Y un dato que sonroja: el Cine español recibe más dinero por la vía de subvenciones que por las taquillas.

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