La pretensión de Álvarez Cascos por controlar el Centro Niemeyer, de Avilés, ha abocado a suspender los programas de la institución cultural cuando apenas ha cubierto su etapa inicial. El Centro ha sido proyectado por el arquitecto Oscar Niemeyer, a sus 100 años de edad, en agradecimiento por la concesión del Premio Príncipe de Asturias, y llevado a término por el anterior Gobierno del Principado que aportó los 45 millones de euros necesarios para su construcción. Y lo administra una Fundación en la que están representadas las tres administraciones públicas, y la sociedad civil.
Pero el Gobierno Regional que preside ahora Álvarez Cascos, y su Foro Asturias, pretende una posición de mayor peso al considerarse propietario de esta obra arquitectónica, construida con fondos regionales. Y crea un contencioso, denunciando las cuentas y por estimar la gestión irregular, acusación a la que el secretario de la Fundación, José Luis Rebollo, contesta señalando posibles acciones judiciales contra el Gobierno Regional, mientras la alcaldesa de la ciudad, Pilar Varela, del PSOE, pide mesura, prudencia y legalidad, para encontrar una solución al problema.
El Centro Neimeyer es una de las joyas arquitectónicas del siglo XXI que pueden convertirse en referente cultural a escala internacional. Es su construcción, su sitio a la orilla cantábrica y sus equipamientos, con posibilidad de impulsar múltiples programaciones lo que interesa controlar a los políticos de turno para incorporarlo a sus acciones representativas. El Centro no ha sido construido con fondos de Foro Asturias, y ni siquiera del Principado, sino con dinero público, de todos los españoles.
Las maneras de actuar del consejero de Cultura, del Principado, Emilio Marcos Vallaure ha sido imprudente porque sus opiniones personales no tienen por qué considerarlas representativas de los asturianos. Señalar que el proyecto cultural del Neimeyer carece de ‘reflexión de futuro’ es pura irreflexión. Y afirmar que lo que ha visto en sus espacios ‘no es cultura’ y supone una ‘vergüenza’ para los asturianos es una mezcla de insensatez y prepotencia. Si se refiere a la obra de Cristóbal Gabarrón está acusando de tontorrones no solo a las Naciones Unidas, la Comunidad Europea, el Comité Olímpico Internacional y otros organismos que se han inclinado por este artista español a la hora de elegir un monumento o un logotipo, sino a los que no opinan con él. Tal vez porque en Marcos Vallaure anida un ciento virus inquisitorial.
El Centro Niemeyer es un patrimonio social que debe quedar libre de la utilización política de sus singularidades. Para ello deberá contar con un patronato donde estén representadas por igual las tres administraciones y cuente con el aporte de la sociedad civil. Y con un equipo gestor de expertos independientes, donde no tengan sitio los ‘colocados’ de cada situación.