Amalia García Rubí
Sábado, 26 de noviembre de 2011
Madrid

Alfonso Sicilia Sobrino, obras recientes en la Galería Metta

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[Img #8112]Hace cuatro años se celebraba en esta misma galería la última exposición individual de Alfonso Sicilia Sobrino, Madrid 1963, uno de los pintores que mejor definen el sentir de la nueva abstracción geométrica en nuestro país. Los cuadros de entonces, tan monumentales como los de ahora, responden, a mi juicio, casi exclusivamente, a una confluencia de tres elementos clave en la “compleja sencillez” de su lenguaje plástico: por un lado, las interrelaciones cromáticas, que están sujetas a una suerte de armonías tonales primarias y secundarias muy concisas y con finalidad no sólo estética sino emocional. El papel del color en el cuadro como agente provocador de estados de ánimo acerca a Sicilia Sobrino a los postulados kandiskyanos más básicos. En segundo lugar, las intersecciones lineales nada fáciles de discernir por su caótica infinitud de trazados, superposiciones y yuxtaposiciones de segmentos zigzagueantes, rectas, semirrectas, puntos, rombos, estrellas, corresponden, es sabido, a la idea de comunicación canalizada por los miles de circuitos indescifrables propios de nuestro hábitat urbano, en los que aflora una inabordable cantidad de información a través de múltiples medios de telecomunicación. Algo que parece ser casi obsesionante en la obra del pintor madrileño. Por último, el concepto de espacio no como vacío, inexistencia o contemplación de la nada, sino como ámbito ilimitado de conexiones electrizantes que producen un permanente estallido de corrientes en múltiples direcciones imposibles de asimilar, desplegándose más allá de las fronteras físicas del cuadro, pero finalmente apreciables como elementos pictóricos per sé.

En el detenido proceso de creación de estos cuadros participa asimismo el gusto por el efecto cromático-formal, la delicada tarea de otorgar a la forma acabada, cerrada, hermética, una naturaleza esencialmente visual, cuyo  objetivo primero es el de crear ciertas ilusiones ópticas que en buena medida tienen que ver con la estética de los años sesenta y setenta, el arte psicodélico de algunos diseños redundantes marcadamente asociados a ciertos estados alucinógenos. Es la condensación de la energía acumulada en interminables, gigantescas vías de comunicación, lo que nos propone Sicilia Sobrino.

Si nos detenemos en cada uno de los fragmentos y lo observamos desde su calidad de pintura-pintura, entenderemos, finalmente, el cometido primordial de estos cuadros imponentes tanto en sus contrastes de forma-color como en su insoslayable especificidad objetiva, la cual descansa en la materia misma, en su enorme carga de esteticismo artificial, a las que estamos ineluctablemente unidos los individuos del dos mil.

(Galería Metta, c/ Villanueva 36, de Madrid, noviembre y diciembre del 2011)

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