Hace dos siglos, Napoleón Bonaparte mostraba su potestad al mundo imponiendo su Imperio por la razón de la fuerza y una estrategia de arraigo por la vía de los parentescos y la ostentación; haciendo de París la sede de su potestad; de ahí que el Louvre se llamase entre 1803 y 1815 Museo Napoleón.
A su hermana Paolina le casó con Camilo Borghese, titular de una colección de arte y joyas, de unas 2.200 piezas, iniciada por el cardenal Sciopione, sobrino del Papa Pablo V en los inicios del siglo XVII, patrimonio apetecido por Napoleón hasta el punto que, en 1807 obligó a su cuñado la venta de 695 piezas -entre ellas los 65 mármoles que ‘regresan temporalmente’ a Roma-, por un precio tasado de 13 millones de francos, de los que solo pagó 4 millones. Un conjunto que pasó de la Roma imperial y pontificia al París del nuevo imperio. Y en la capital francesa continúa como uno de los florones del Museo Louvre que ahora ‘osa’ prestar a Italia, por unos meses, las obras de esta exposición.
Obras singulares como “Silineo con Baco niño”, escultura realizada hace dos milenios; “Retrato de Lucio Vero”, busto de mármol del año 180 después de C.; un vaso de la escuela neo-ática de finales del siglo I antes de C.; “Centauro con Eros sobre sus lomos”, obra de Bernini, con otras piezas singulares, que se mostrarán en la romana Villa Borghese, de donde se las llevó Napoleón Bonaparte, hasta el 9 de abril de 2012.![[Img #8480]](upload/img/periodico/img_8480.jpg)