A los 91 años, en La Coruña, falleció el artista Isaac Díaz Pardo que, desde su niñez ha estado comprometió con un ‘galleguismo activo’ que le llevó de la pintura al diseño, para, como empresario, rescatar de la memoria y poner en valor industrial a la histórica cerámica de Sargadelos.
Isaac Díaz Pardo, hijo de Camilo Díaz Baliño -pintor y escenógrafo comprometido con las “Irmandades da fala”, del gallego, fusilado en el inicio de la guerra civil-, siguió siendo muy joven la línea de su padre que anhelaba un Estatuto Autonómico que no llegó a cuajar en la región. Y consciente de su difícil posición buscó la manera de ahondar en el camino de las artes plásticas. Fue entonces cuando se acogió a una beca de la Diputación Provincial coruñesa para cursar estudios en la Escuela de Bellas Artes de la Real Academia de San Fernando, en Madrid, y tras su primera etapa de pintor, en los años sesenta fijó su domicilio en Argentina.
Y en Argentina se encuentra con otros galleguistas que seguían a la espera, entre ellos el pintor Luis Seone con el que trabó una gran complicidad basada en la promoción de un arte gallego cargado de referencias modernistas donde la referencia Bauhaus tenía notable acogida. A su vuelta a España, Díaz Pardo trata de integrarse en la Galicia que dejó, buscando el fortalecimiento de sus constantes vitales; y surge el campo de la industria cerámica con Sargadelos en su nuevo trayecto.
Pero el pintor, ilustrador, ceramista, fue también editor y propulsor de múltiples iniciativas hasta el punto que, como ha señalado el escritor Manuel Rivas, era “el hombre más querido de Galicia”.