En junio de 2009 unos ladrones se llevaron a punta de pistola de un pequeño museo de la capital belga el cuadro “L´Olimpia” producida por Magritte en 1946, obra de 60 x 80 centímetros realizada como homenaje a Manet que en 1863 pintó otra ‘Olympia’ inspirada a su vez en la obra de Tiziano “Venus de Urbino”. Ahora, cuando han pasado mas de dos años, los ladrones, al no encontrar comprador para esta obra catalogada, cuyo valor se estima entre tres y cuatro millones de euros, no han encontrado mejor salida que su devolución.
Devolución en la que implicaron al experto en arte Janpiet Callens, asesor de la compañía aseguradora, no para cobrar recompensa alguna, sino para deshacerse de tan peligrosa carga, fácil de reconocer. Y es que robar arte u obras del patrimonio histórico, como por ejemplo el Códice Calixtinus de la Catedral compostelana, no es rentable en un mundo cada vez mejor informado.
Son numerosas las de obras de artes que permanecen ocultas por falta de salida. Porque estas piezas, incluso la de autores manos conocidos, están catalogadas (datos técnicos, fotografías, propiedad e incluso historial), y ello impide incorporarse a una colección que siempre estará al alcance de muchos, por estudio, muestra o simple ostentación.
A una pieza de arte no se le puede quitar la autoría, ni camuflarla, porque perdería su valor. Deberá permanecer inalterable, como salió de las manos de su creador, unas señas de identidad a la vista de cualquier avisado. Máxime cuando el arte es un factor de representación desde antiguo: tengo un Picasso, un Manet, un Goya, un José Caballero o un Manuel Rivera, porque el coleccionista no atesora cuadros en secreto para ‘gozarlo’ en soledad.
Pueden existir personas que compren ciertas piezas robadas para su propio ego, y las tengan guardada ‘bajo siete llaves’ para que no se descubra su perfil delincuente, pero esas obras -y nos acordamos del Códice Calixtinus, aún desaparecido- pasarán a unos herederos que desde el momento de serlos, descubrirán el delito y si lo asumen pasan formar parte de la trama por vida...
Con frecuencia se descubren obras robadas en lugares insólitos, hasta arrumbadas como trastos viejos. Y alguna que otra vez a los ladrones se les enciende una luz y se quitan “el muerto de encima” buscando su restitución. Como ha sucedido con “L´Olympia” de Magritte, en Bruselas.