Amalia García Rubí
Viernes, 13 de enero de 2012
Madrid

Joaquín Ureña, acuarelas recientes, en la Galería Ansorena

[Img #8569]Entrar en el mundo de imágenes desplegadas en las aguadas de Ureña es, en cierta medida, usurpar algo del vivir cotidiano del artista. Interiores, mesas de trabajo, librerías repletas de tomos alineados o amontonados, botes y herramientas de pintor, van dejando el rastro acogedor de ese tiempo y lugar habitados por el quehacer diario en el estudio. Quizá el deseo de mostrarnos apenas una parte de sí mismo, aquella que concierne directamente a su entorno artístico, se expresa en este conjunto de obras de un modo tan natural como discreto. El espacio fragmentario, un rincón, una silla recientemente abandonada, un flexo encendido emitiendo  su foco de luz cálida sobre los papeles aún sin ordenar… Aquí nada se echa en falta a pesar de las ausencias pues los objetos nos advierten de que nuestro último cometido es el de adivinar cómo y cuando concluye la escena, hasta dónde la realidad de Ureña nos conduce con sus calidades aterciopeladas. Hay quizá en estos interiores nocturnos un hálito de realismo mágico en ese querer evocar cierto sentimiento de extrañeza frente a lo común y acostumbrado, un misterio enmascarado en el silencio elocuente de lo material que inunda de nostalgia los pequeños momentos de soledad. Como un diario íntimo se suceden las habitaciones vacías y blancas, algunas breves perspectivas de luces diurnas que nos recuerdan el tránsito de dentro afuera, el pasillo, la puerta abierta, la ventana y por fin, el salto a ese otro ámbito exterior, la calle ajena y fría, tan distante ahora cuando se mira desde el calor de la propia morada. Morada, casa, estudio, habitación, lugar privado y en definitiva bastión seguro para quien lo habita. Un juego de simbolismos que acaso nos lleve al laberinto inabarcable de las cosas acumuladas a través del tiempo, libros, recortes, apuntes, escritos, testigos mudos o parlantes de cuán distintas experiencias y pensamientos.

Esta nueva exposición sobre acuarelas de Joaquín Ureña viene a reafirmar una vez más el grado de destreza logrado por el pintor catalán en una técnica que exige enormes dosis de habilidad a la hora de aplicar con justeza el tono, la mancha sobre el papel, al tiempo que no admite prácticamente rectificación. Los grandes formatos, la composición bien construida, el estudio minucioso de la luz, la armonía cromática a partir de una comedida tendencia naturalista, junto con  el gusto por los primeros planos y los encuadres fotográficos, nos dan la clave para entender la belleza de estas obras a través de las cuales Joaquín Ureña vuelve a dejar hablar a sus objetos más queridos.

(Galería Ansorena, c/ Alcalá 52, de Madrid, hasta el 10 de febrero de 2012).


https://www.ansorena.com/entrada-galeria.aspx

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