Amalia García Rubí
Sábado, 21 de enero de 2012
Madrid

"Remote viewing”, de Philipp Fröhlich, en la Galería Soledad Lorenzo

[Img #8662]Tercera individual del pintor alemán Philipp Fröhlich en Madrid, y una vez más de la mano de Soledad Lorenzo. Una exposición en la cual se ratifica de nuevo el éxito fulgurante de este artista joven que ha cautivado ya a los mercados europeos y españoles, desde que hace a penas dos años presentara por primera vez su obra en la Sala de Arte Joven de la Comunidad de Madrid. Desde entonces el interés por este artista sigue creciendo entre sus numerosos adeptos.

Philipp Frölich es en cierto modo continuador de una vía neorrealista pop centroeuropea abierta en su día por Gerhard Richter y Sigmar Polke sin que ello suponga ninguna similitud formal con sus mayores, pero sí alguna soslayada coincidencia en ese distanciamiento conceptual de lo re-presentado como también en lo concerniente a la implicación de la fotografía en la pintura con fines puramente metódicos. El empleo de la témpera sobre papel y tela a base de pequeñas pinceladas yuxtapuestas bien definidas (como si se tratara de una fotografía ampliada que dejara ver sus tintas de impresión o como también hacía Polke con los recortes de prensa agrandados) convive paradójicamente con un untuoso barroquismo cromático y unas perspectivas lineales clásicas que sin embargo mantienen la asepsia, la frialdad casi de cliché  extendida incluso a los paisajes. Junto a éstos y también a sus pequeños rincones de interiores privados, aparecen fragmentos de lugares públicos de evidente vulgaridad, escaleras mecánicas, urinarios, fachadas, entradas a garajes, que contribuyen a crear una galería de imágenes vaciadas de contenido, deliberadamente contrarias a la tradición artística en otro tiempo tan afín a los pintores del centro y norte de Europa

Inmersas en un riquísimo fluido de luces y contraluces artificiales,  agrandadas hasta el encuadre de un primer plano que a veces se solapa parcialmente por el magistral despliegue pictórico, las obras de Fröhlich, quizá irónicamente neorrealistas, nos producen casi sin querer, un impacto desasosegante en su lograda ambivalencia de ser espacios familiares, conocidos pero también causantes de una especial enajenación de lo real. El mundo alrededor en el que se apoyan es al mismo tiempo objeto de una radical negación mediante la pintura misma. Fuera de todo ilusionismo pero no ausentes de determinado efectismo óptico, los nocturnos bañados por contrastes de luces a menudo excesivas confeccionan una parodia buscada de su propia teatralidad.

(Galería Soledad Lorenzo, c/ Orfila 5, de Madrid, hasta el 25 de febrero de 2012)

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