José Pérez-Guerra
Domingo, 18 de marzo de 2012

El 19 de marzo de 1812, “La Pepa” anunció en Cádiz el Nacimiento de la Nación Española

[Img #9387]El Reino de España se convierte en Nación con la proclamación de la I Constitución Española el día de San José de hace 200 años, una Primavera en principio efímera, retrasada por un rey que acabó siendo un Indeseable, jurada por él tras una etapa ‘oprobiosa’, que logró establecer un código de derechos y obligaciones al sancionar la desaparición los privilegios fiscales de la nobleza porque “Todos los Hombres son iguales ante la ley”.

Fue la tercera Constitución del mundo tras la francesa y la de los Estados Unidos de América, muy avanzada para su tiempo. No era retrógrada porque no retrocedía en ninguna posición; simplemente, a tenor de las circunstancias, optó por el pragmatismo para un necesario consenso. Por ello reconoce que “La religión de la nación española es para siempre la Católica, Apostólica y Romana”, y prohibe en el artículo 12 “la práctica de cualquier otra religión. Las mujeres no pueden ejercer el derecho al voto, ni los criados domésticos, arruinados o delincuentes... Pero fue un punto de partida para modernizar el país y buscar la felicidad de sus habitantes.

Sin embargo los estamentos tradicionales mostraron pronto su descontento. Incluso los obispos de Lérida, Tortosa, Barcelona, Urgel, Teruel y Pamplona, que buscaron refugio seguro en la isla de Mallorca, escribieron una instrucción pastoral conjunta -en castellano, hablando de España como madre patria- en la que advierten a los fieles de que la religión está en peligro. Pastoral fechada en Palma de Mallorca el 12 de diciembre de 1812, cuando la Constitución había entrado en vigor, creando el Tribunal Supremo de Justicia y un Tribunal Especial de las Órdenes Militares, así como la supresión de Consejos del Antiguo Régimen absoluto. La carta pastoral de los obispos refugiados en Mallorca fue editada en Manresa, en la imprenta de Trullás, el año 1813.

La Constitución fue derogada por Fernando VII tras pisar tierra española. El rey había abdicado en el Emperador de Francia que nombró rey de España a su hermano José, ‘Pepe botella’. Olvidó que los españoles se habían batido por su Nación, y tras derrotarlo lo saludaban como su rey. En un discurso pronunciado por el Obispo de Santander en la Iglesia de Santa Eulalia de la ciudad de Montpellier, el 30 de mayo de 1814, donde se daba “gracias a Dios por el restablecimiento de su Rey, D. Fernando VII en el trono de España”, el prelado dijo, con un estilo muy mitinero: “Hoy celebramos los días de nuestro amado Soberano y Señor Don Fernando VII (que viva muchos años), quien después de tan prolongada y dolorosa separación vuelve con gloria al trono de sus Padres...”. A un trono que deshonró, porque lo consiguió destronando a su progenitor, Carlos IV, en el Motín de Aranjuez.

Y el obispo, agrega: “...hoy desmorona, arruina y aniquila con el impulso poderoso de su voz la soberbia torre de Babel, que había tumultuariamente levantado la inobediencia, la sedición y el desorden”. Leyendo el discurso, sermón o mitin del obispo de Santander uno se explica cómo fueron posible la “década ominosa”, la guerra carlista y los nacionalismos que emergieron, ignorándose aquella Primavera de Cádiz a la que sistemáticamente se le fueron cortando los renuevos... pero a pesar de los pesares la Constitución fue abriendo caminos... y en él ”seguimos andando, Sancho”.

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