José Pérez-Guerra
Lunes, 14 de mayo de 2012

Divide y te hundirás. El progreso no es más que suma de capacidades

[Img #10009]Lo peor de la crisis es la desunión. Por eso el nacionalismo es sólo incultura, por mucho que se quiera vestir al santo. Y para imponer su dogmática, se reeduca, se fabrica una historia distinta y se impone una manera de ser, de hablar y hasta de pensar a las sociedades que dominan por las buenas o por las malas, ignorando que los derechos y las obligaciones corresponden a los habitantes de un territorio, no al territorio mismo. Hacemos esta consideración porque ha llegado el momento de pensar, hablar, escribir y actuar con claridad.

Personalmente creo que las administraciones públicas, con sus múltiples satélites, han favorecido la creación de una oligarquía político-sindical cuyo peso quiebra a una nación por sólida que parezca. Administraciones con organismos duplicados o triplicados que no han hecho otra cosa que endeudarse con proyectos faraónicos, beneficencia para ampliar adhesiones, y cantos de sirena patrióticos como si la patria se sustentase en estirpes medievales e incluso la memoria de invasores que durante siglos machacaron la tierra Hispana, como sucede en mi Andalucía, que conmemora como un hecho positivo el nacimiento de un reino táifa, como sucede en Granada, o se ensalza la figura de un rey intruso, como José I, en Cádiz. Y así creen cultivar la diferencia.

El Imperio Romano se hundió motivado por la desunión. A la muerte de Constantino I, el año 337, el dominio territorial pasa a sus hijos, como herederos indiscutibles -Constantino II, Constancio II y Constante-, y se reparten el imperio. Tres augustos emperadores, cada uno de ellos con sus intereses... pronto los bárbaros rompen las defensas, y Roma se hunde mientras el pueblo se divertía.

Los bárbaros llegan a España. El reino visigodo de Toledo logra hacerse con todo el poder en la Península Ibérica e incluso en la llamada Hispania Tingitana, en el litoral africano del Estrecho que también en tiempo romano formó parte de Hispania. Pero la organización del territorio, cada demarcación con sus intereses -y sus ejércitos- puso en almoneda al reino. Porque el monarca quedaba a su merced. A los musulmanes no les costó demasiado llegar a Hispania, derrotar al rey Rodrigo en Guadalete, y entrar en Toledo, afianzando su posición en casi todos los territorios ibéricos.

Por la división, los reinos y condados cristianos tardaron 8 siglos en liberar la totalidad de Hispania. Eran dinastías emparentadas, suegros, cuñados, primos... que se repartían las tierras desde Galicia a las Marcas Hispánicas; desde Navarra y Aragón a León y Castilla. La Hispania de los cinco reinos, por ello debilitada. Pero en el brillante Califato de Occidente, con capital en Córdoba, sucedió igual. Los notables quieren autonomía, y ellas generaron los  reinos táifas, que finalmente acabaron con el poderío musulmán en Iberia.

Es una lección nunca aprendida. Porque la carcoma divisionista aflora en cuanto puede. En España se acentúa en periodos de postración. A nuestros primeros republicanos no se le ocurrió otra idea que fijarse en el cantonalismo helvético para buscar la senda del federalismo. Cuando éste solo tiene sentido desde la diversidad que busca un encuentro para llegar a una unidad: Suiza, Alemania, Estados Unidos... donde todos se sienten suizos, alemanes y estadounidense. Aquí sucede lo contrario, se disgrega y se reniega. En la II República, con su tricolor de inspiración francesa se fomentó una división que acabó en tragedia.

Tras la muerte del Franco, España busco en la senda de la Democracia un camino para encontrarse y progresar juntos... pero por múltiples factores, la Constitución establece la organización del Estado en municipios, provincias y Comunidades Autónomas. Y para darle más color los sucesivos gobierno de la Nación han traspasado competencias que, por generales, no debieron dividirse, empezando por la sanidad y la enseñanza. Y las Comunidades Autonómicas se han ido convirtiendo en un taifado efectivo que perjudica al mercado único, impulsa el divisionismo y arruina por unos gastos sin medida. Algunas desafían al Tribunal Constitucional, y desafían también  al resto de España... En un titular de “La Vanguardia”, de hace unos días leímos: “Mas afirma que habrá Hacienda propia catalana, por las buenas o por las mala”. Al presidente de la Generalitat se le suele soltar la lengua...

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