José Pérez-Guerra
Domingo, 22 de noviembre de 2009
Sin la brújula constitucional, puesta en cuestión por quienes tripulan el buque-nación, vamos hacia los arrecifes

Singladuras con rumbo incierto

[Img #1468]Hace unos días, cuando se pedían responsabilidades por la actuación del Gobierno en el episodio "Alakrana", capturado por piratas somalíes, a la vicepresidenta Maria Teresa Fernández de la Vega no se le ocurrió otra contestación que la de acusar al PP de no aceptar las reglas del "estado de derecho" y de alinearse con los piratas. Y es que el llamado "estado de derecho", y lo ponemos sin mayúsculas, ha pasado a ser una especie de biombo chino para que el gobierno de turno -que se elige para que administre la función pública durante un periodo de cuatro años, con la mayor eficacia posible; no para interpretar o cambiar la Historia- actue sin oposición, que en una Democracia es el contrapeso necesario para un mejor funcionamiento del Estado de Derecho, y sea posible una saludable alternancia en el Poder, evitando así el establecimientos de regímenes que se suceden a sí mismo.

En España, tras el periodo republicano que ocasionó una guerra civil, ensayada en 1934 con la Revolución de Asturias, se impuso un régimen totalitario que acabó a la muerte del Caudillo, que lo era, según las monedas de curso legal, por la Gracia de Dios. La restauración de la Monarquía con Juan Carlos I, y el trabajo bien hecho del Rey y de Adolfo Suárez en una etapa difícil, logró que los adversarios de distintas ideologías concordasen un entendimiento llamado Consenso. Y en aras de la concordia se resucitasen Autonomías concedidas en los años treinta por los socialistas; autogobiernos de nuevo cuño puesto que hasta entonces esa figura nunca había existido. En Cataluña se establece la Generalitat que, con Maciá, proclama la Independencia, que acaba cuando el ejército ocupa las dependencias del Gobierno autónomo y procesa a Maciá; en el Pais Vasco se estrena un gobierno del PNV con Aguirre en la presidencia; y no hubo tiempo para establecer gobiernos ni en Galicia ni en Andalucía.

Pero cuando en el nuevo orden democrático se topa con aquellas concesiones; hubo que pensar en una Administración Autonómica, considerándose a aquellas autonomías reconocidas durante el periodo republicano -Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía- como "históricas", cuando una de ellas solo tenía varios años, otra meses y las dos restantes estaban por nacer. Pero ya aparecían como un hecho diferenciador porque en el nacionalismo catalán no gustaba la igualdad de trato; se decía no al "café para todos", olvidando que los derechos son de las personas, no de los territorios y que la Constitución señala en su artículo 2, "...la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas". Y en el artículo siguiente, se proclama el castellano como la lengua española oficial del Estado, y "todas las demás lenguas españolas serán también (o sea, además de) oficiales en sus respectivas comunidades de acuerdo con sus Estatutos".

Hubo que transigir con una "comunidades históricas" (por lo que se ve, las demás no lo son; debieron de carecer de población porque en ellas no pasó nunca nada, ni en Asturias, ni en León, Castilla, Navarra, Aragón...); aceptar aquellas concesiones de los años treinta del siglo XX. Y de aquellas lluvias llegan éstos lodos. Lodos que salpican a territorios donde se organizan referendos por la independencia, no se reconoce la bandera española, se ataca a España como, nación opresora, y otras lindezas. Y siempre vemos gobiernos socialistas chupando del bote: lo vinos en Galicia sembrando el divisionismo, y lo sentimos en Cataluña, en Baleares...porque hay contagio cuando las autonomías propician oportunidades políticas y negocios mil. Mientras se margina al idioma castellano que es la segunda lengua del mundo occidental, con la que podemos comunicarnos todos los españoles; obligándose a las poblaciones (a las que no se les trata como ciudadanos libres sino como súbditos obligados al ordeno y mando, a aparcar la lengua con la que siempre se han entendido, han pensado...que es tanto como obligar a un exilio interior, cuando la lengua es la patria donde uno fija sus pensamientos, sus sueños y sus inquietudes.

Es penoso escuchar a doña Maria Teresa hablando de "estado de derecho", porque al igual que en la República se sembraron semillas de distanciamiento con aquellas 4 autononomías "históricas"; hoy, puesta en solfa la Constituciòn, cuando los jueces llevan años para interpretar unos textos claramente escritos, se puede avcabar desvencijando este gran país. Lo que votamos mayoritariamente los Españoles en Referéndum un 6 de diciembre de 1978 (siendo el resultado 15.706.078 votos afirmativos, de los 17.873.301 emitidos; 1.400.505 en contra; 632.902 votos en blanco y 133.786 papeletas nulas), fue una Constitución de entendimiento para potenciar la nación española. Es un resultado que los jueces del Constitucional debieran recordar, porque si los textos aprobados entonces dicen ahora (en tiempo socialista) "otra cosa"...es que nos engañaron el año 1978; y lo siguen haciendo en el 2009.
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