Fuente: Fundación Antoni Tàpies
Sábado, 23 de junio de 2012
Barcelona. Del 22 de junio al 4 de noviembre de 2012

"Antoni Tàpies. Cabeza brazos piernas cuerpo", en su Fundación

Enviar por email

[Img #10421]La exposición “Antoni Tàpies. Cabeza brazos piernas cuerpo” se centra en los trece últimos años de trabajo del artista, y, muy especialmente, en las creaciones que tratan el cuerpo como objeto central. En conjunto, un total de setenta y cuatro obras, repartidas entre los espacios de los tres niveles del edificio, de las cuales cincuenta y seis pertenecen a la colección de la familia Tàpies, una a la Fundación Antoni Tàpies (1/2, 2003, pintura y barniz sobre madera) y las otras dieciocho, a diferentes prestadores particulares de Portugal, Bélgica, Estados Unidos, Finlandia, Italia, y varios puntos del Estado español (Amposta, Barcelona, Madrid, Huesca, etc.). Entre estos prestadores se incluyen también los galeristas de Antoni Tàpies, como la Galerie Lelong de París, la Waddington Custot de Londres o The Pace Gallery de Nueva York.

La Fundación Antoni Tàpies, en su objetivo de conservar y difundir la obra del artista, presenta la exposición “Antoni Tàpies. Cabeza brazos piernas cuerpo”, comisariada por Laurence Rassel, directora de la Fundación, y Miquel Tàpies, hijo del artista. Se trata, en este caso, de una mirada sobre la obra de los últimos años de Antoni Tàpies a partir de su preocupación por el cuerpo, el hilo temático que centra y articula toda la exposición. Una muestra que, además, se inaugura casi cinco meses después de la muerte del artista, lo que le otorga una significación muy especial.

Tàpies estuvo siempre interesado por la temática del cuerpo debido a los problemas que tuvo durante la inmediata posguerra, cuando sufrió un grave ataque de taquicardia y una importante afección pulmonar. La cuestión influyó mucho en su evolución como artista, porque desde sus primeros autorretratos a lápiz sobre papel su obra es una exploración de la representación del cuerpo. Durante esta larga enfermedad, como decíamos, experimentó una autocontemplación del funcionamiento del cuerpo y el espíritu, para alcanzar el "hecho bruto de la presencia del ser". Desde las obras de juventud hasta las obras más recientes, la existencia misma, mediante la percepción interna del ser, ya recorre la experiencia del artista en el momento de hacer.

“Antoni Tàpies. Cabeza brazos piernas cuerpo” ofrece al espectador representaciones de cabezas, pies, torsos tallados, piernas, brazos esparcidos y sexos ofrecidos. Tàpies desmembraba regularmente el cuerpo en sus obras, lo trabajaba espacialmente y realizaba una topografía de la crudeza de la condición humana. Uniendo objeto y sujeto, el artista expresaba así el deseo de impactar visualmente al espectador. En esta muestra, por lo tanto, los visitantes pasan de una relación más íntima con la obra sobre papel a las confrontaciones brutales y monumentales con las obras sobre madera que se alzan ante él.

En “Antoni Tàpies. Cabeza brazos piernas cuerpo”, además, el uso del lenguaje y de los símbolos también es omnipresente, pero esta vez las cruces, las letras, las frases, las cifras firman los cuerpos representados. Y, al tratarse de Tàpies, la marca siempre tiene una historia, y raramente se trata de un trazo. Es una huella, son letras, cifras o fórmulas. Hay todo un repertorio, un código que atraviesa la obra del artista desde hace más de sesenta años, y que ahora encontramos en esta selección de obras en toda su intensidad y significación.

Como se ha comentado anteriormente, esta exposición se acerca a los últimos años de producción artística de Tàpies, cuando el artista ya había cumplido setenta y cinco y hasta que hizo ochenta y ocho. Sólo hay que contemplar la magnitud y la intensidad de las obras, así como la exploración de los afectos, que van de la rabia a la ternura, para adivinar el alcance del universo que se abre durante esta década larga. Hablamos de un periodo vivencial, a partir de los años cincuenta, que intensifica la voluntad del artista por dar a percibir lo que habitualmente las personas no queremos ver del cuerpo. Nos muestra lo que no queremos mirar cara a cara, aunque, según las enseñanzas del misticismo oriental que Tàpies tanto estudió son aspectos irrenunciables para alcanzar la plenitud de nuestra condición de seres vivientes. Esta abyección, por tanto, es el punto a partir del cual Tàpies inicia su proceso creativo. Encontramos cuerpos caídos, de los cuales elimina el rostro mediante una cruz o situándolos al borde de la obra. O nos sumergimos en el interior de los organismos, que nos presenta como espejos de un estado fantasmático de la percepción de nuestra propia anatomía.

La exposición “Antoni Tàpies. Cabeza brazos piernas cuerpo” también ofrece al visitante la posibilidad de realizar una mirada deambulatoria alrededor de las obras, garantizando una experiencia sensorial del objeto y de la situación. A pesar de no pretender recrear el taller del artista, se ha hecho un esfuerzo por revivir el momento del encuentro entre el autor y su obra, colocando una parte de las obras de pie, dentro del espacio principal de la exposición. El hecho de poder dar una vuelta alrededor, de sentir su peso, su espesor, de poder situarse al lado y detrás de las creaciones, invita a los espectadores a utilizar su propia presencia física para observarlas. Una vivencia similar es la que también puede experimentarse en otra de las salas, ambientada con una claridad tamizada, que invita a inclinarse sobre los dibujos y concentrarse sobre algunos fragmentos de representaciones de cuerpos de otra dimensión, que incitan a levantar o bajar la mirada. La intención es que veamos, pero también hacernos tomar consciencia de que sólo podemos mirar si la totalidad de nuestro cuerpo, de nuestra memoria, participa en esta mirada.

Según el testimonio de algunos privilegiados que pudieron visitar alguna vez el lugar de trabajo del artista, era usual, al entrar en su taller, encontrarse ante una multitud de obras erguidas, acumuladas, enlazadas, inclinadas las unas contra las otras. El espectador debía circular entre las piezas y, a menudo, frotar su presencia física, su materia, su carne, los pelos, los objetos que integraban los cuadros. Incluso, el visitante podía percibir el peso de la obra, su estatura, que muchas veces lo superaba, o contemplar representaciones de cuerpos decapitados, desmembrados. Allí, una cabeza cortada, aislada. Más allá, otro fragmento, tan sólo un busto, o un bajo vientre. La percepción de la visita resultaba similar a la que se puede sentir cuando se visita al Partenón de Atenas, y se circula entre aquella multitud fragmentaria, densa, de otro tiempo.

Antoni Tàpies vivía rodeado por sus obras y tenía al alcance de la mano los utensilios necesarios, que a menudo pasaban a formar parte de la misma creación: cepillos, escobas, objetos, cartones, papeles. Sabemos que giraba alrededor de sus producciones, que las dejaba, que se sentaba para observarlas detenidamente. Después, la obra acababa reuniéndose con las demás, apilada contra las otras, y el visitante se veía obligado a mirarlas inclinándose, sosteniéndolas.

“Antoni Tàpies. Cabeza brazos piernas cuerpo” se plantea cómo rencontrar esta presencia en el museo. ¿Cómo conseguir acercar al espectador a esta experiencia cercana a la convivencia entre la obra y el artista? ¿Cómo revivir este encuentro entre el autor y su obra en un museo? Los museos cuelgan las obras en la pared, integrándolas según los formatos y los usos previstos. Determinan la distancia entre el lugar desde donde percibimos y lo que percibimos. Y aunque la interpretación, la sensación, es la propia de cada espectador, muchas veces, el museo pone orden en esta experiencia, la resitúa en el orden dialéctico entre quien ve y lo que es visto.[Img #10422]

InfoENPUNTO • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress