Dentro de las actividades programadas en el XII Simposio de Artistas (SIANOJA), la sala José Hierro de Noja presenta la exposición de esculturas “El espacio expandido” de Fernando Súarez Reguera. Se trata de 24 piezas, algunas de considerable tamaño, como “Frontera” de 240 x 200 x 145 cm que escenifican y son atrezzo de un mundo imaginario en el que hombres ancestrales, atletas, aviadores, máquinas y artefactos, orugas de mil pies, jirafas, aviones, barcos orientales, coches estrellados, puentes imposibles, inundan el espacio y el tiempo, llenos de movimiento y ritmo, en contraposición a su naturaleza, la mayor parte de las veces de hierro.
Suárez nos lleva a un mundo muy cercano al cómic vanguardista, a la ciencia ficción. Según Oscar Alonso Molina “Los cuerpos escultóricos, los ingenios y escenarios pergeñados por Fernando Suárez, le deben gran parte de sus energías a esa amalgama de lo real-irreal (el hombre, el mundo de la fantasía, la fantaciencia, las distopías futuristas), con lo posible-imposible (lo biónico, el cyborg, el replicante, el mutante)… Ofrece un rostro con vertiginosos saltos atrás en los hábitos, la técnica y la tecnología, mientras sueña combinaciones asombrosas de fusión entre el hombre y la máquina, de la vida orgánica con la animal, de los estilos y de las culturas más distantes en el espacio y el tiempo”.
Es una buena y amplia muestra del trabajo más clásico de este creador, participante en SIANOJA 2007 que en palabras de Moisés Bazán, “es un escultor enormemente versátil. Su formación, su dominio del medio y su incansable capacidad creativa le permiten transitar por muy diferentes caminos, aunque éstos puedan resultar complementarios. Trabaja de forma preferente con el hierro y el bronce, pero sorprenden los múltiples recursos de los que se sirve para diversificar su producción, al investigar con materiales como la resina, jugar con el efecto multiplicador de los espejos o explotar todas las opciones que ofrece la ocupación espacial, con una singular obsesión por el movimiento y la ingravidez”.
Mª Luisa Alonso comenta de Fernando Suárez Reguera: “Siempre admiré la maestría con la que trabajaba el acero y esa capacidad para jugar con un material de corazón duro hasta convertirlo en definidos volúmenes que brincaban el espacio… Esos cuerpos, tan quietos y estructurados, engañan mucho en su quietud porque son puro movimiento, vibrante y expansivo…Y engañan, sobre todo, porque el espacio más importante no es el que ocupan, el que marcan donde acaban sus límites, sino el que sugieren”.