Isabel de Valois (1546-1568), hija de Enrique II de Francia y Catalina de Médicis, se casó por poderes con Felipe II de España en 1559, confirmándose el matrimonio en Guadalajara, en 1560, cuando tenía 14 años, momento en que fueron realizados los dos “Retratos de Isabel de Valois”, expuesto en el programa Obra Invitada del Museo de Bellas Artes de Bilbao, del 10 de julio al 7 de octubre, ambos pertenecientes a la Colección Várez FISA, de Madrid.
La riqueza del atuendo de Isabel de Valois ha hecho pensar que fuera el utilizado en sus desposorios, sin embargo, las fuentes de la época desmienten esta hipótesis al señalar que la reina vestía a la francesa. Sí lució para la ocasión la cruz de diamantes con la que aparece en los retratos. La Isabel de Valois pintada por Antonio Moro, aparece en posición de tres cuartos y con el ojo más cercano al espectador justo en la mitad del ancho de la tabla, centrando así la composición y acrecentando la sensación de proximidad. El rostro de Isabel está iluminado desde la izquierda y ligeramente desde arriba, dando como resultado una nariz claramente silueteada y unas sombras estrechas y afiladas que proporcionan a la modelo un aire aristocrático y distante.
De este retrato de Antonio Moro existe una copia de Sánchez Coello, también de la misma colección, erróneamente identificada durante un tiempo con el original. Un análisis de ambos cuadros revela diferencias notables. Al engrandecerse la composición, la figura de la reina pierde su axialidad y la inmediatez que transmite el original. El distinto soporte delata el carácter de copia del retrato de Coello y le impide desplegar la minuciosidad que exhibe Moro, propia de la tradición flamenca. A esta mengua de detallismo se suma el conocimiento por Coello de la retratística de Tiziano
Los dos cuadros, “Retrato de Isabel de Valois”, 1560, el original de Antonio Moro y la copia que de él hizo Alonso Sánchez Coello, se muestran dentro del programa Obra invitada, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, hasta el 7 de octubre.