José Pérez-Guerra
Lunes, 23 de julio de 2012

Cataluña, contra viento y marea, quiere quedarse con el arte sacro expoliado de la Franja aragonesa

[Img #10772]El juzgado de lo contencioso-administrativo de Lérida ha sentenciado que el Gobierno de Aragón no es competente para pedir al Museo Diocesano de Lérida la entrega del más del centenar de piezas, de arte sacro, sacadas de maneras poco escrupulosas de las iglesias y conventos de la Franja, cuando este territorio aragonés pertenecía a la diócesis de Lérida, y ahora forman parte de la de Monzón-Barbastro. Sentencia que al alcalde de Lérida, Ángel Ros, le parece excelente a pesar de los criterios del Vaticano, porque la sentencia de este juzgado catalán está en consonancia, dice, con la ley de patrimonio catalán que reconoce el derecho de Lérida sobre las obras, que es tanto como decir que las demás instancias nada significan.

En Cataluña este contencioso se ha sacado de la consideración eclesiástica para situarlo en vía política. La Signatura Apostólica ha juzgado en Roma la cuestión y ha argumentado que las piezas deberán ser devueltas a sus lugares de origen; pero ante esta sentencia en Lérida se argumenta “que la Santa Sede ha rechazado todos los recursos por razones peregrinas y se niega a abordar el meollo de la cuestión: la propiedad, porque se sabe sin argumentos”.

¿La propiedad?. El obispado de Lérida debe saber que los valores patrimoniales de las iglesias son de la congregación de fieles, no del poder que administra desde la distancia. Y si nos salimos del marco eclesiástico, lo patrimonios históricos son, por ley, ‘riqueza colectiva’ y la responsabilidad de su conservación es, a tenor de la Constitución vigente, competencia exclusiva del Espado que puede transferir a las comunidades, en este caso, transferidas  a las comunidades  de Aragón y Cataluña.

Pero  es que esa ‘propiedad’ tan sacada de quicio es, en el caso que nos ocupa, más que discutible, ya que la manera de adquirir esa ‘propiedad’ es para sonrojar a cualquiera. Porque fue mediante el aprovechamiento de unas necesidades que el obispado tenía la obligación de resolver sin contrapartida. Pensamos en la escultura de la Virgen de Zaindin, pieza del medievo aragonés que el obispo Messeguer i Costa (1890-1905) se llevó a Lérida por las 750 pesetas que necesitaba la iglesia para restaurar el campanario. En el Museo Diocesano de Lérida se conserva el recibo de compra-venta de esta pieza. Como se ve, todo muy mercantil por parte del obispo.

En un libro del historiador Domingo Buesa, editado en 1994 por Ibercaja, se informa sobre el expolio sufrido en la Franja, mencionando las andanzas del obispo Messeguer i Costa, quien “solía ofrecer alguna compensación económica en aquellos lugares donde encontraba resistencia para llevarse las obras”. Obras que Cataluña quiere mantener como patrimonio suyo a toda costa contra los criterios del Vaticano, porque no solo quiere lo suyo, que es de justicia, sino también lo ajeno; y eso es pura sinrazón. Sobre la sentencia del tribunal leridano, la diputada de las Cortes de Aragón, Maria Herrero, ha señalado que esta sentencia pretende legitimar y amparar un expolio inaceptable...

InfoENPUNTO • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2019 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress