Sólo pintó durante unos diez años. Y su obra puede compararse con la de los grandes maestros de su tiempo. Porque Ángel Carrasco Garrorena, artista al que el Museo de Bellas Artes de Badajoz le dedica una antológica -en la que se incluyen dibujos trazados a lápiz, bocetos y cuatro autorretratos que revelan el deterioro mental que le llevó, cuando sólo tenía 28 años, al Hospital Psiquiátrico del Carmen, en Mérida, donde murió tras permanecer recluido 36 años, afirmando la impronta de un impresionismo de notable factura, con obras del mayor rango como “Campesinas Extremeñas”, de 1917.
Angel Carrasco (Badajoz, 1893-Mérida, 1960) recibe las primeras lecciones de dibujo y procedimientos pictóricos de Abelardo Covarsi, en la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz. Después, becado por la Diputación Provincial, amplió estudios en Madrid, siendo discípulo de Joaquín Sorolla, y posteriormente se trasladó a Barcelona, experiencias todas ellas que alimentan una pintura lumínica trazada desde un dibujo ilustrativo que acoge una pintura colorista, plena de vida y de vivencias.
Son paisajes de una naturaleza con sus contrastes, el “Roquedal de Guadalajara” inundado por la luz; los retratos en los que el joven pintor extremeño capta con el físico el interior psíquico descubriendo la personalidad del personaje. La obra de un creador que en ese primer tramo de su carrera, hasta su enfermedad, supo crear un discurso social y natural con mucho texto literal y poético abierto a las sensibilidades. Obra que en la antológica abierta en el Museo de Bellas Artes de Badajoz, muestran un tiempo y la capacidad creativa de un pintor malogrado que dejó el testimonio de la obra bien hecha, expuesta hasta el 1 de septiembre de 2012.