Tras un periodo informalista en el que se adentra en el campo del collage, Eduardo Sanz incorpora como soporte el espejo, produciendo, en la segunda mitad de los sesenta, series como ‘ventanas’ y ‘vias o carreteras’; momento en que se integra en el grupo “Antes del Arte” y participa en el seminario Generación Automática de Formas Plásticas, del Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid. Era un tiempo en que, conducido por Luis González Robles -que Florentino Pérez Embid incorporó a la dirección de exposiciones de la Dirección General de Bellas Artes-, la plástica española rompe las barreras de un régimen condenado por la ONU y se sitúa en los salones y bienales internacionales. Por eso pudo participar Eduardo Sanz en las bienales de Bienal de Venecia y de Sao Paulo, Brasil.
Aquella etapa y los años siguientes, de 1970 a 1974, se rememora en una exposición de setenta espejos y cristales de Eduardo Sanz, abierta en los espacios de Siboney donde, además, se manifiestan los impulsos vanguardistas del arte español del momento, cuando Cantabria marcaba iniciativas para romper inercias y trazar empeños innovadores.
Eduardo Sanz (Santander, 1928) se inicia en su ciudad natal y en 1953 ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, Madrid; viajó a París, fue becario en los cursos de paisaje de El Paular, y en 1959 se abre a la abstracción, camino que le lleva a la experimentar con materias diversas que va incorporando a su obra. De los ‘espejos’ a ‘alfombras’ o ‘capillas relicarios’… y vuelve a los pinceles, hasta buscar en el horizonte de su mar Cantábrico nuevos retos, barcos y marineros, y pintar los faros de Iberia. En esa orilla cantábrica Eduardo Sanz, con el apoyo de su mujer, la pintora Isabel Villar, ha posibilitado la creación del Centro de Arte Faro Mayor… a su ciudad, Santander, lleva ahora un capítulo esencial de su trabajo, la exposición de cristales y espejos abierta en la Galería Siboney, hasta el 12 de septiembre de 2012.