José Pérez-Guerra
Domingo, 2 de septiembre de 2012

La Unión Europea no puede acabar en una desunión taifa

[Img #11004]A una pregunta de la eurodiputada de la Liga Norte italiana Mara Bizzotto en el sentido de que en caso de secesión de un territorio, éste perdería su nacionalidad europea, el presidente de la Comisión Europea Durao Barroso ha respondido que en ese hipotético caso no se asumiría automáticamente su pertenencia al club comunitario, debiendo solicitar el ingreso. Y es que el artículo 20 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE), señala que la región independizada perderá su condición dentro de la ciudadanía europea.

El Mercado Común Europeo nace a partir del Tratado de Roma con el objeto de unificar la interrelación entre los diferentes estados del continente. Y para ello es indispensable entenderse para sumar potenciales. De ahí que, a un conglomerado taifa, haya una larga distancia. Sumar para progresar, para reducir burocracias, para lograr que el intercambio de factores materiales e intelectuales acabe con los intereses de cada cual que llevan a desencuentros que, históricamente, han acabado en tragedias bélicas. Una Europa sin nacionalismos separadores que, apoyándose en pasados ajenos al presente, casi siempre distorsionados, entorpecen las convivencias.

La UE es un proyecto de largo alcance encaminado al entendimiento como factor de potenciales encaminados al bienestar de los europeos, en solidaridad con un mundo cada vez más común. Y para lograrlo debe aprender de la Historia. El Imperio Romano  se resquebraja cuando se divide y rivalizan varios emperadores a la vez, momento en que los Bárbaros acaban haciéndose de sus territorios. Los califatos musulmanes se cuartean cuando intereses distintos rompen la unidad; y en España, el Califato de Córdoba (que era el de Occidente) se degrada con sus reyezuelos taifas posibilitando la Reconquista, mientras ésta Reconquista costó ocho siglos porque los poderes hispanos estaban divididos en reinos o condados en manos de estirpes familiares, siempre en liza…

Tras dos milenios de Historia, el hombre sigue tropezando en la misma piedra. Y a la Unión Europea, que es un proyecto unificador, le acosan los taifas de ahora, los de Bélgica, España, Italia… que pretenden un futuro en manos de varios centenares de ‘naciones’, con docenas de lenguas: la Babelia necesaria para mantener unas diferencias  innecesarias para multiplicar la burocracia de cada proyecto separador, mini-naciones con todos sus aparatos de gobernación desde un romanticismo trasnochado.

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