Amalia García Rubí
Jueves, 13 de septiembre de 2012
Madrid

Soledad Lorenzo abre la temporada con la exposición “Accidens”, de José María Sicilia

[Img #11110]La galería Soledad Lorenzo abre la nueva temporada con una exposición, como siempre, interesante. El artista José María Sicilia, ya asiduo en esta sala, presenta su último proyecto titulado “Accidens”, una palabra que traducida podría significar “Lo que sucede”. El trabajo más reciente de Sicilia le ha llevado algunos meses intensos tanto en lo experimental como en lo emotivo. Mezcla de imagen, sonido, pintura,… las instalaciones creadas específicamente para la galería atestiguan la cada vez más evidente empatía de este artista con el mestizaje en lenguajes y soportes para la creación.

Sin dejar de considerarse pintor y tras un período de reflexión donde José María Sicilia se replanteó su trayectoria, barajando nuevas salidas dentro de la expresión artística, el objeto rescatado de una realidad latente, por ejemplo, de un chiquero del coso taurino de la Maestranza, del que nace gran parte de este proyecto, se convierte en soporte de la memoria. Es precisamente en “Derrumbamiento Interior” y en “Burladero”, algunas de las impactantes obras de raíz taurina que componen esta exposición, donde conceptos como vida y muerte van de la mano, atrapando al individuo (toro) en una encrucijada de pasiones tan primarias y dolorosas como la propia existencia.

El procedimiento llevado a cabo en estos y otros trabajos complementarios presentes también en la muestra de Soledad Lorenzo, arranca de un experimento más allá del estudio, realizado en lugares abiertos, una calle, el campo, una plaza de toros, donde se entremezclan los sonidos captados por sofisticados equipos de audio con las huellas visibles de aquellos seres, animales o personas que lo habitan accidentalmente.

En la obra “Derrumbamiento Interior”, formada por siete placas de latón, esmalte gris y excrecencias de animales, el arte se convierte en vida, el proceso creativo es aquello que se muestra sin tapujos, convirtiéndose el artista en mero transmisor de unos acontecimientos vitales que participan tanto de la intención del sujeto como de las ilimitadas e impredecibles consecuencias del azar.

En este sentido, Sicilia siempre ha dejado hablar al la materia, al objeto, invitándonos a concluir una obra abierta a la experiencia y sensibilidad de cada cual. He aquí la grandeza y quizá también la valentía de unos trabajos basados en cierto empirismo aristotélico que van más allá de la complaciente disposición del arte hacia los sentidos, abriendo heridas quizá inevitables para demostrar la ineludible fusión entre dolor y placer, realidad terrena y misterio abismal.

(Galería Soledad Lorenzo, c/ Orfila 5, de Madrid, hasta el 11 de octubre de 2012)

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