José Pérez Guerra
Domingo, 7 de octubre de 2012

La Protohistoria de los Estados Unidos está escrita en español

[Img #11346]Falta menos de un mes para que los Estados Unidos de América elijan nuevo Presidente y ese acontecimiento, que trasciende al mundo entero, nos hace recordar que, desde  hace cinco siglos España empezó a escribir su Protohistoria. Fue cuando una flotilla de tres naves hispanas al mando de Juan Ponce de León llega a una tierra que llamó Florida, por coincidir la fecha, de 1512, con el día de Pascua Florida y según el cronista Francisco López de Gomara, era “donde decían los indios estar en las fuentes que tornaba mozos a los viejos”. Poco después, en 1521, en otra expedición comandada por Ponce de León, el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo escribe “e como buen poblador, llevó yeguas e ternera e puercos e ovejas e cabras e todas maneras de animales domésticos e útiles al servicio de los hombres”.

En este origen de los actuales Estados Unidos, el asturiano Menéndez de Avilés fundó en 1565 la ciudad de San Agustín, donde construyó la primera catedral y archivos. Otro eje del empeño descubridor, en la incorporación de territorios al mundo conocido, fue protagonizado por Juan de Oñate, cuando el 30 de abril de 1598, con 129 soldados y 7 misioneros, cruzó desde México el Río Bravo, abriendo el histórico Camino Real hacia Nuevo México, que posibilitó una interrelación entre la población autóctona y una colonización que está en los basamentos de los Estados Unidos, país que, tras conseguir su independencia -con la ayuda de España y Francia- del colonialismo británico, fue relegando al olvido una realidad que se pone de manifiesto desde Florida a California, donde la toponimia, la arquitectura y las costumbres mantienen una herencia europea que llega por vía hispana, siglos antes de la anglo, que por avatares de la historia se hizo ‘con el santo y la limosna’, tratando de marginar lo anterior.

Ahora, con los movimientos migratorios, la raíz hispana reverdece, y lo llamado latino adquiere carta de naturaleza, hasta el punto que con sus casi 50 millones de hispano-hablantes, la exclusividad anglo derivará en un bilingüismo enriquecedor, porque será un factor de entendimiento dentro de un mundo abierto, llamado a entenderse en inglés y español a pesar de los pesares… cuando el sentido común se imponga.

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