Fuente: Museo del Prado
Viernes, 19 de octubre de 2012
Procedente del Metropolitan Museum of Art de Nueva York

El Prado presenta un “Retrato de caballero”, recientemente atribuido a Velázquez

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Durante más de tres meses y por primera vez en España, "Retrato de caballero", procedente de la colección del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, y atribuido a Velázquez en 2009 tras su restauración, se expone en las salas del Prado dedicadas al pintor junto a “Las Lanzas”. El préstamo se presenta en honor a Plácido Arango, Presidente del Real Patronato del Museo del Prado entre 2007 y 2012, y forma parte del programa ‘La obra invitada’, patrocinado por la Fundación Amigos del Museo del Prado.

[Img #11476]Procedente del Metropolitan Museum de Nueva York, del que Plácido Arango es patrono emérito, llega por primera vez a España “Retrato de caballero” de Velázquez, en honor al que fuera Presidente del Real Patronato del Museo del Prado los últimos cinco años.  

Desde el 19 de octubre y hasta el próximo 27 de enero de 2013, gracias al patrocinio de la Fundación Amigos del Museo del Prado, “Retrato de caballero” de Velázquez, se expone dentro del marco del programa expositivo “La Obra Invitada”, iniciado en 2009 con el objetivo de enriquecer la lectura de las propias obras del Prado. El Museo brinda a sus visitantes la excepcional oportunidad de admirar este retrato, una vez recuperada la autoría del maestro sevillano, tras haber permanecido catalogado como obra del círculo de Velázquez desde 1963.

El retrato se suma temporalmente a la colección del Prado de Velázquez exponiéndose en la sala 9A, junto a una de las obras más importantes y emblemáticas del pintor, “La rendición de Breda” o “Las Lanzas”. La comparación directa de la obra invitada con el gran cuadro de historia del pintor permitirá apreciar la estrecha semejanza del caballero retratado con el soldado anónimo situado en el margen derecho del cuadro del Prado, como ya ha señalado el hispanista norteamericano Jonathan Brown tras estudiar el modelo del retrato del Metropolitan Museum.

Historia de Retrato de caballero (h. 1635)
En 2009, este retrato masculino, que se exponía en las salas del museo de Nueva York atribuido al círculo de Velázquez, fue enviado al taller de restauración. A medida que se avanzaba en su limpieza se fueron haciendo más evidentes sus cualidades, que llevaron a Jonathan Brown a publicarlo como original de Velázquez. Con ello se le restituía una paternidad que había mantenido hasta 1963, cuando José López-Rey afirmó que en el estado de conservación que se encontraba entonces, no era posible asegurar que se trataba de un Velázquez.

Ese estado de conservación estaba relacionado con los avatares del cuadro. Desde el siglo XVIII había pertenecido a colecciones privadas alemanas, hasta que en 1925 o 1926 pasó a manos de Joseph Duveen, el marchante de pintura antigua más importante de su tiempo. Con objeto de facilitar su salida comercial, hizo restaurar el cuadro atendiendo a criterios que satisficieran las expectativas del coleccionismo internacional. Esa intervención creó un fondo homogéneo,  definió las partes del tronco que estaban simplemente abocetadas, convirtió el cabello en una masa uniforme y, en general, dio lugar a una imagen muy estática y uniforme, una sensación que el envejecimiento del barniz no hizo sino aumentar.

La última restauración ha liberado al cuadro del corsé en el que estaba atrapado, y ha revelado recursos técnicos y estrategias de representación típicamente velazqueñas. El fondo ya no es uniforme, sino vibrante, y construido a base de sutiles gradaciones lumínicas que sirven para crear profundidad y animar la figura, una fórmula que aparece en otros cuadros de Velázquez, como el “Retrato de hombre” del Wellington Museum.

Igualmente, esta restauración permite comprobar cómo Velázquez rectificó sobre la marcha la posición de la cabeza, y cómo el cabello –lejos de ser una masa compacta y estática- es dinámico y animado, a pesar de ha sufrido bastante desgaste.

Esa sensación general de dinamismo y animación que tiene el cuadro, conseguida a través de vibraciones luminosas y una distribución muy sabia de los grados distintos de acabado, avalan su atribución a Velázquez, como también la avala otra de las características de la obra: la sensación que transmite de haber sido hecha sin apenas esfuerzo.

Se desconoce la identidad del modelo. Su comparación con el “Autorretrato” de Valencia y con el que aparece en “Las Meninas” llevó a Mayer, hispanista alemán fallecido en 1944, a plantear la posibilidad de que el pintor se hubiera representado a sí mismo. Sin  embargo, esa misma comparación desvela más diferencias que semejanzas, pues todos los seguros o supuestos autorretratos velazqueños sugieren una piel más oscura y unos rasgos más marcados. En cambio, sí llaman poderosamente la atención sus semejanzas con el soldado anónimo que aparece en el extremo derecho de “Las Lanzas”, al que durante el siglo XIX, no en la actualidad, se consideró también “Autorretrato”.

www.museodelprado.es

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