José Pérez-Guerra
Miércoles, 5 de diciembre de 2012

Sobre el destierro del idioma español en Cataluña

[Img #12033]Han sido tales los abusos cometidos por los nacionalistas catalanes para imponer a la ciudadanía la manera de comunicarse, que el Gobierno de España ha tenido que responder -opinamos que tímidamente- a esa política de acoso y derribo del idioma español en Cataluña, donde se le margina en todos los escalones de la enseñanza; y se persigue, y multa, a quien osa rotular su negocio con esta lengua excluida de la administración autónoma; una imposición que se lleva a cabo desde el desprecio más absoluto a la mitad de los habitantes que siempre se expresaron en una lengua que le es propia. Y no desde hace medio siglo, sino desde la Edad Moderna, cuando junto con el romancero que llega de las Marcas Hispánicas convive, como en otros territorios hispanos otros romanceros que son el ‘román paladino’ o el latín hablado por el pueblo, también llamados lenguas vulgares, del vulgo.

El romancero castellano que se abre al mundo como vehículo de entendimiento de una Hispaniarerum que llega del Medievo. Por eso cuando nacen los periódicos, en Cataluña están escritos en español que es el idioma propio de la mayoría en las grandes ciudades, y vehículo para los intercambios. Relaciones de noticias ya en el siglo XVII, hasta que surge ‘Diario de Barcelona’ el 1 de octubre de 1792 con las ‘afecciones astronómicas’ en primera página y una glosa del editor a Barcelona. Y los periódicos, en español, fueron apareciendo en las grandes ciudades del territorio catalán; también en el siglo XIX, cuando, entre otros, se inician otras aventuras periodísticas, como ‘La Vanguardia’ que se sigue publicando. En catalán salen publicaciones editadas por entidades comprometidas, primero desde el clima romántico de la época, luego con mayor significado político, con vestimenta cultural.

El anteproyecto de ley preparado por el ministro Wert sobre la cuestión no es lo suficientemente espeditivo para corregir el mal uso del poder autonómico en materia de Enseñanza, transferencia que nunca debió realizarse. Primero porque debe ser la enseñanza pública la que proporcione conocimientos a los alumnos en las dos lenguas oficiales, sin que nadie tenga que recurrir a la enseñanza privada para estudiar en castellano ya que eso significa crear diferencias. Segundo porque el Español es el idioma cumún de todos los españoles y su convivencia con lenguas regionales es un enriquecimiento, porque esos idiomas forman parte del patrimonio nacional. El catalán no ha llegado -como el euskera, según los ideólogos euskaldunos, del cielo, la lengua que Dios empleó para dirigirse al primer hombre en el Paraiso- sino del román paladino, el mismo romancero con el que se entendían gallegos, leoneses, castellanos, aragoneses y los habitantes de las Marcas Hispánicas, un territorio que se iba reconquistando y se llamó Cataluña, simplemente porque los habitantes -como los castellanos- estaban resguardados por los castillos.

En el Concilio de Tarragona de 1233, reinando Jaime I, rey de Aragón y de los condados de las Marcas se prohibe traducir la Biblia ‘en romancio’, no en catalán porque el romancio aún no era conocido como el catalán; se llamó cuando ya estaban extendidos los romenceros en Valencia y Mallorca… El imperialismo de los ‘paises catalanes’ es un empeño contemporáneo que nada tiene que ver con la historia real. ¿Se figuran ustedes que los gobernadores de Canifornia, Florida o Nuevo México excluyeran al idioma inglés de la enseñanza o que multaran al que rotule su negocio en inglés?. ¿Puede ocurrir una locura igual en Francia con el francés o en Alemania con el alemán…?. Los NAZIonalismos son capaces de cometer estas y otras barbaridades.

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