Amalia García Rubí
Viernes, 14 de diciembre de 2012
Madrid

Cruz Novillo, “The T-Self Portrait” en la Galería Evelyn Botella

[Img #12139]La exitosa trayectoria creativa de Cruz Novillo es tan amplia y versátil como su capacidad para hacer del arte un campo abierto a la libre interpretación. Escultor, pintor, diseñador gráfico, grabador, en la obra de este artista genial y ampliamente reconocido, caben todos los registros y soportes imaginables, aunque desde el punto de vistas plástico, su discurso se ha basado fundamentalmente en la síntesis cromático-formal. La abstracción geométrica en íntima relación con la sinestesia de tonos/sonidos y tonos/colores derivada de investigaciones en torno al concepto de los llamados “Diafragmas”, presenta una de las facetas más singulares del Cruz Novillo normativo. Una de las últimas manifestaciones que tienen como base aquello que iniciara Kandinsky a principios del siglo XX estudiando la música dodecafónica de Shönberg y posteriormente desarrollado por la Bauhaus, está presente en las fachadas de la espléndida nueva sede del Instituto Nacional de Estadística,  edificio en el cual la aportación estética de Cruz Novillo se hace del todo fundamental.

La idea del sincretismo de las artes en la que se cimienta la amplia y variada producción de esta figura del arte internacional, donde el diseño forma parte indisociable de las demás actividades artísticas, hacen de Cruz Novillo uno de los herederos más serios y rigurosos de esa realidad utópica bauhausiana de entender el mundo y el arte desde parámetros creativos abiertos con el fin de contribuir a su mejora desde lo común y compartido. De esta filosofía han nacido muchos de sus proyectos desde que se trasladara a Madrid en 1968. Año en que deja la paleta de pintor y abraza las nuevas técnicas (conservando el dibujo) para realizar innumerables logotipos y diseños gráficos sumamente familiares en nuestro vivir cotidiano.

En esta ocasión, la exposición de Evelyn Botella nos enseña a un Cruz Novillo diferente que no deja de sorprender, ahora interesado por lo figurativo pero siempre desde esa doble lectura que otorga al artista la libertad de lo moderno. Compuesta por una serie limitada de t-shirts o camisetas tratadas con pigmentos a base de sofisticadas técnicas de impresión sobre tela, el resultado es un variado conjunto de fragmentos reproducidos de obras maestras que cuelgan en distintas colecciones museísticas europeas y americanas. Las imágenes convertidas en singulares autorretratos, recortadas y amoldadas al formato de una prenda de vestir tan básica, juega con el concepto de arte desde todos los puntos de vista, haciendo que las pinturas salgan del ámbito reverencial y panteístico del museo al mundo de la calle, en una apuesta fuerte y decidida de popularizar y desacralizar el Arte con mayúsculas. Así se ha fraguado esta muestra destinada a ser un guiño jocoso que tiene mucho del desenfado pop de lo seriado, pero también de elección cuidadosa, pensada, al tiempo que pone en cuestión los cada vez más borrosos límites entre arte y vida, entre objeto artístico y objeto de uso, entre lo trivial y lo elevado.

(Galería Evelyn Botella, Mejía Lequerica 12, de Madrid, hasta el 10 de enero de 2013)

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