José Pérez-Guerra
Sábado, 12 de enero de 2013

Erre que erre. Hay quienes se creen ‘soberanos’ de Cataluña

[Img #12406]El Gobierno de la Generalitat de Cataluña, con el apoyo de Esquerra Republicana, ha preparado una ‘Declaración de Soberanía’ que, a tenor por los votos implicados, será aprobada por el Parlamento autonómico, declaración que aboga por iniciar un proceso que lleve a ‘la constitución de Cataluña como nuevo Estado’, que es tanto como pretender que, una parte del Estado -que es la Generalitat-, pueda decidir por el conjunto.

Vuelve la pretensión de una oligarquía política, como se hacía en el Medievo cuando unas familias se alzaban con el poder soberano e imponían el dominio sobre tierras y habitantes, que tenían la obligación de cotizar y hasta soportar el ‘derecho de pernada’. Con la bendición de un clero en el beneficio que actuaba de eslabón entre poder y pueblo, repartiendo bendiciones.

Para la nobleza de entonces y la nobleza política y partidista de ahora, el ‘taifado’ es una manera de ejercer el poder y contar con una corte de privilegiados dispuestos a sostener el tinglado a base de impartir doctrina patriótica. Y para ello se sirven de cualquier singularidad -tradición y riqueza cultural- para marcar diferencias, cuando la verdadera Cultura no es más que resultado de aportaciones muy diversas.

En Cataluña, hubo quien quiso aprovechar la Guerra de Sucesión, a comienzos del siglo XVIII, para poner en cuestión eso que llamamos Soberanía, pretendiendo obviar que entonces Cataluña también luchaba por un pretendiente a la Corona de España, sólo que fue el perdedor, y ello provocó que perdiera sus derechos (privilegios) forales. ¿Qué hubiera ocurrido si hubiera ganado aquella guerra el pretendiente austríaco?, ¿serían los catalanes los más españolistas y los demás los supuestamente oprimidos?.

Durante la I República, proclamada en 1873, federalistas catalanes aprovechan la ocasión y el caos reinante para proclamar, por dos veces, el Estado Catalán, intento abortado por Figueras y Pi y Margall -también catalanes y federalistas- al estimar que no era el momento. Y es que en aquel dislate de cantones que se declaran independientes lo un Estado Catalán debía sonar hasta reaccionario.

Algo más de medio siglo después, con la II República vuelve al romanticismo federalista decimonónico, se firma -15 de septiembre de 1932- el Estatuto de Cataluña, y Françesc Maciá ocupa la presidencia de la Generalitat, con Lluis Companys presidiendo el nuevo Parlamento, ambos de Esquerra Republicana. Y es Companys, ya como presidente de la Generalitat tras el fallecimiento de Maciá, quien el 6 de octubre de 1934 proclama, coincidiendo con la Revolución de Asturias, el Estado Catalán dentro de la República Federal Española, lo que lleva al Gobierno de España a declarar el estado de guerra. Interviene el Ejército y Companys es detenido.

Iniciada la Guerra Civil, el mismo año 1936 el Gobierno de la Generalitat empieza a desarrollar su programa de independencia. Y para ello dispone -como se explica con la documentación precisa en el libro ‘La financiación de la guerra civil española’, del académico, José Ángel Sánchez Asiain- de un sistema monetario ‘exclusivamente catalán. Como consecuencia, su relación con las autoridades centrales fue creciendo en tensión, especialmente en lo relativo a la política monetaria y al debate sobre el privilegio de emisión’.

Siguiendo el estudio de José Ángel Sánchez Asiain, “Manuel Azaña llegó a declarar que ‘el Gobierno catalán había emitido moneda manifiestamente ilegal, puesto que el privilegio de emisión estaba reservado al Banco de España’. Pero ahí quedó todo, porque en virtud de los tiempos que corrían, ninguna autoridad, ni siquiera el Banco de España, se dio por enterado, ni se tomó medida alguna”. Y con una moneda que en realidad no valía nada, la economía catalana entró en bancarrota. Tanto, que la Generalitat se vio obligada a pedir ayuda al Gobierno de la República para intentar paliar su déficit, unos trámites que analiza Sánchez Asiain, a partir de la documentación existente.

Y de aquella etapa de miseria saltamos a la actual -con una crisis económica causando un paro de vergüenza que no se corresponde con los recursos potenciales del país-, cuando los ‘mandarines’ catalanes, como es habitual cuando ven el momento propicio, acosan al Gobierno de España. Y a eso va Artur Mas con el apoyo de ERC -la que toleraba los ‘paseos’ en la Barcelona de la guerra civil- con su Declaración de Soberanía para lograr la independencia… Erre que erre, nada nuevo bajo el Sol (ese al que siempre se arriman los de siempre, porque es el que más calienta).

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