Amalia García Rubí
Sábado, 13 de abril de 2013
Madrid

Transparencias, nuevas obras de María Aranguren en la galería Astarté

[Img #13482]Desde que en 2008 María Aranguren descubriera el policarbonato casi por azar, si es que el encuentro feliz entre un artista y su material idóneo en un determinado momento depende en exclusiva de la fortuna (que no lo creo) y lo adoptara en todas sus variantes y facetas como base de su investigación plástica, esta pintora inquieta, curiosa y sobre todo valiente en sus elecciones, no ha cesado de enriquecer una obra que evoluciona con absoluta naturalidad.

Describir la inmensidad de juegos, giros formales y conceptuales, ideas o dialécticas varias surgidas a partir de este material industrial, podríamos decir incluso de desecho, es del todo imposible en cuatro líneas. Por eso (siguiendo el consejo del sabio Lucio Muñoz cuando afirmó que el arte de hoy está saturado de palabras), me limitaré a mencionar de forma escueta algunos cambios fruto de esas indagaciones por ahora en plena edad fecunda.

De un lado, vemos que el procedimiento apenas ha variado: María acopla, ensambla, pega, rellena, mancha, corta, vierte, agita, vacía y vuelve a llenar los intersticios de estas planchas ahuecadas en secciones rectangulares destinadas al embalaje de mercancías o alguna otra función de carácter comercial. Se trata de una interminable acción de prueba y tanteo tan válida o pertinaz como pudiera ser la que llevó a cabo el impresionismo en su empeño por captar la luz y que en María Aranguren a menudo nos acerca deliciosamente al hacer cotidiano.

Por otro lado, los resultados de esta última serie o mejor, de este conjunto reciente de trabajos, carecen del hastío reiterativo que pudiera suceder en otro artista, siendo del todo obras nuevas, limpias, recién estrenadas y si cabe tan frescas o más que los primeros ensayos salidos de su imaginación y de sus manos siempre vivas hace ahora la friolera de un lustro.

No quiero tentar a las acepciones categóricas, ni a los modismos pseudovanguardistas para tildar a las nuevas invenciones de esta pintora simplemente como maravillas luminosas, coloristas, evocadoras de banderas, paneles decorativos, paisajes varios, tapices, y sobre todo y apartándonos nuevamente de tentaciones comparativas, como creaciones autónomas cuya transitoriedad no debe llevarnos a engaño porque es muy posible que nos equivoquemos en un arte cuya naturaleza supuestamente efímera es al mismo tiempo largo en dinamismo y riqueza. María Aranguren parece seguir las sendas de un pensamiento poético que describe la esencia intimista y emotiva de la actividad creativa y que como también lo quiso Eva Hesse, desea humanizar el minimalismo, entendiendo que nada y tampoco el arte es ni debe ser permanente.

(Galería Astarté, c/ Montesquinza 8, de Madrid. Hasta el 5 de junio de 2013)

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