Amalia García Rubí
Viernes, 17 de mayo de 2013
Madrid

Alejandro Calderón, “Muerta Naturaleza”, en la Galería Egam

[Img #13887]“Más de un objeto nos sugiere que detrás de él existen otros”. Este aforismo de René Magritte, el gran descubridor del significado múltiple de los objetos/palabras, podría muy bien aplicarse a las intenciones visuales de Alejandro Calderón. “Muerta Naturaleza” es el título de su última exposición donde en palabras del propio artista “se pretende introducir al espectador en un mundo imaginario totalmente reconstruido. Un universo donde los objetos ni se encuentran unos a otros ni se identifican…”. Y es que en los collages de este gran intérprete de la realidad en marcos de semióticas descontextualizadas, las cosas no son lo que parecen ser ni tampoco se entienden fuera de sus acotaciones puramente surrealistas, oníricas y metafóricas.

Alejandro Calderón emplea un bello lenguaje de imágenes fragmentadas, recortadas o serigrafiadas sobre fondos neutros, acompañadas a menudo de decoraciones florales, en donde la palabra, el concepto se halla implícito en cada objeto al ser articulado instantáneamente en nuestra mente nada más visualizarlo, por lo que podría muy bien sustituir al icono que define (“A veces el nombre de un objeto puede aparecer en lugar de su representación sin alterar su significado primordial”, dirá también Magritte”).

Al otro lado de las miradas excesivamente predeterminadas existe este otro ámbito de asociaciones disociadas que abren puertas al conocimiento subconsciente y nos llegan a familiarizar con lenguajes tan extraños como fascinantes. “Muerta Naturaleza” adquiere ese nivel de interacción entre obra y espectador en el cual todo es posible, todo puede suceder y hermanarse hasta hacer del encuentro fortuito entre un paraguas y una máquina de coser en una mesa  de operaciones algo tan natural como imprescindible.

Al igual que renació hace más de siglo y medio el cadáver exquisito diseñado por Lautreamont en sus Cantos de Maldoror, los juegos jeroglíficos de Alejandro Calderón (mucho más amables en sus ingenuidades poéticas, al menos aparentemente), con su estética rococó, sus colores y sombras delicadas, sus escenarios frágiles y fantasmagóricos como de casa de muñecas o recortable dieciochesco, nos invitan a desvelar un sinfín de realidades  ilusorias pronto desvanecidas en el transitorio universo de los sueños. Acercarse a contemplarlas es una experiencia tan deliciosa como volver a saborear el entusiasmo indescriptible del primer juguete, antes de precipitarse sin remedio al mundo.

(Galería Egam. C/ Villanueva 29, de Madrid. Hasta el 8 de junio de 2013)

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