José Pérez-Guerra
Miércoles, 27 de enero de 2010
El Gobierno de la República expolió las monedas de oro del Museo Arqueológico Nacional

Hay un arte salvado, pero otros patrimonios históricos y artísticos fueron robados y quemados

[Img #1806]El reverso de la medalla donde se presenta el arte del Museo del Prado salvado durante la guerra civil -actualidad por la muestra "Arte Salvado" y los reconocimientos oficiales a personas e instituciones que lo hicieron posible-, es el de los patrimonios históricos quedamos, y aquellos que fueron robados durante la guerra incivil. Periodo, con prólogo vergonzoso, donde la 'segunda gloriosa', instaurada tras unas elecciones municipales, se cubrió de gloria enfrentando a la ciudadanía; y, como era tan culta se avergonzaba de nuestra Historia, alentando con esta postura la quema de patrimonios que es tanto como renunciar al pasado propio destruyendo los ajuares heredados, la casa familiar o talando el árbol genealógico; así de cultos eran los tricolores que, para simplificar, escogieron el color rojo. Y se quemaron antiguos conventos e iglesias; arte románico, renacentista, barroco, neoclásico y de tiempos mas recientes; se saquearon archivos parroquiales, se destrozaron ornamentos, y, de paso, se robó lo que podía venderse.

La ley de la Memoria Histórica nos anima no sólo a conocer los pormenores de la operación salvamento del Museo del Prado, sino también la destrucción de unos patrimonios que formaban parte de la herencia de muchas generaciones. Las fechorías incontroladas y las que fueron planificadas en dependencias ministeriales, de partidos y de sindicatos. Una de ellas, la que llevó a la incautación de las monedas de oro del Museo Arqueológico Nacional, con sede en Madrid; expolio que se cometió unos meses después del inicio de la contienda, siendo Presidente de la República, Manuel Azaña; Jefe del Gobierno, Largo Caballero; y Ministro de Instrucción Pública el comunista J. Hernández.

En la obra "Catálogo de las Monedas Antiguas de Oro del MAN.", escrita por la investigadora Carmen Alfaro Asins, conservadora del Gabinete del Gabinete Numismático del Arqueológico Nacional desde 1985 hasta su fallecimiento, se recoge la operación de incautación, hecha en nombre del Gobierno de la República. "En la tarde del 4 de Noviembre de 1936 se personó en el Museo Arqueológico Nacional, el Subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública D. Wenceslao Roces, acompañado por un representante de la Junta de Incautación de Obras de Arte, Sr. Rodríguez Moñino, y una serie de guardias armados". Era director del M.A.N. Francisco Álvarez-Ossorio y conservador del Gabinete Numismático Felipe Mateu y Llopis, el mismo que, en su tiempo postrero, prologa el mencionado libro de Carmen Alfaro, editado en 1993, donde señala, refiriéndose al 4 de noviembre del 36: "Qué triste destino me tenía reservado el factum en mi cursus profesional, en mi espantosa soledad moral, único inerme, aquellas dolorosas escenas, del premeditado expolio desde arriba...".

A los incautadores no les interesaba la importancia arqueológica de las piezas, sino que fueran de oro; porque solo buscaban ese valor. Según el acta de entrega, las monedas incautadas, sin mayores precisiones, fueron, leemos en la obra de Carmen Alfaro:

- 58 monedas griegas, con peso de 0,429 kg.
- 830 romanas, con peso de 5,353 kg.
- 297 bizantinas, con peso de 0,992 kg.
- 343 árabes, con peso de 1,251 kg.
- 242 árabes que no se pesaron.
- 322 visigodas que no se pesaron.
- 94 españolas medievales y modernas, con peso de 1,028 kg.
- 111 francesas y portuguesas, con peso de 0,577 kg.
- 432 extranjeras, con peso de 2,581 kg.
- 67 medallas, con peso de 3,636 kg.
- 2 medallas más, con peso de 0,061 kg.

El Gobierno de la República se incautó en aquella operación 2.796 piezas de muy alto valor científico, de ellas 2.232 con un peso de 15,908 kilos, más las árabes y las visigodas que ni siquiera se pesaron; monedas de oro muchas de ellas piezas únicas, verdaderas joyas patrimoniales que se llevaron al Ministerio y, junto con otras incautaciones -monedas procedentes de los depósitos de particulares del Banco de España, también expoliados- se trasladaron posteriormente a las Torres de Serrano, de Valencia, ciudad donde se refugió el Gobierno de la República cuando las cosas se pusieron feas en Madrid; a mediado de 1937 llegaron a Barcelona, se guardaron en el Monasterio de Pedralbes y, cuando la guerra se perdía, fueron escondidas en un refugio abierto en Lavajol, hasta su traslado por tren a París, a la Embajada de España. Posteriormente, aquel oro se lleva al puerto de El Havre para, a bordo del yate "Vita", de bandera estadounidense, ponerlo a buen recaudo en México.

Siguiendo la película, el "Vita" desembarca su cargamento en Tampico, y las monedas tienen como destino la capital mexicana; pero aquí se le pierde la pista. Las gestiones realizadas a lo largo de muchos años no han despejado el misterio; nada se sabe si fueron depositadas en alguna institución museística o si piezas sueltas llegaron, vía mercado, a coleccionistas. Lo más probable es que ese oro incautado en el Arqueológico de Madrid, fuese fundido y hecho lingotes para beneficio de ciertos jerarcas del exilio republicano.

Durante la guerra civil se logró poner a salvo, y eso hay que reconocerlo, el patrimonio artístico de las colecciones del Museo del Prado; pero también se destruyó una parte considerable del patrimonio histórico que debió estar por encima de las ideas y de las estrategias de los gobiernos de turno, que sólo son garantes de su conservación y deben procurar una utilidad pública. Por eso, al expoliar una parte sustancial del Museo Arqueológico Nacional, se robó a los españoles; en esa incautación estaban el señor subsecretario de Instrucción Pública, Wenceslao Roces -¿estuvo exiliado en México?-, y otro señor, bien acomodado en la República, Rodríguez Moñino... sólo buscaban oro; y eso no debe olvidarse cuando tanto de habla de esta Memoria Histórica que nos llega con rango de ley...
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