José Pérez-Guerra
Viernes, 7 de noviembre de 2014

Es un sin sentido la negativa de Patrimonio Nacional a prestar dos escultura de Bernini al Prado

[Img #19542]A la dirección de Patrimonio Nacional, entidad que gerencia bienes de la Corona que pertenecen al conjunto de los españoles, le falla el sentido común cuando se ha negado a prestar dos esculturas al Museo del Prado para una exposición de Bernini en la que se manifiesta su relación con España. Y se ha negado, porque pretende que cuatro obras emblemáticas del Prado, como son ‘El jardín de las delicias’ y ‘La mesa de los siete pecados capitales’ del Bosco, ‘El descendimiento de la cruz’ de Van der Weyden, y ‘El lavatorio’ de Tintoretto, pasen a formar parte del futuro Museo de las Colecciones Reales, cuya inauguración está prevista para 2016.

 

Para el catedrático Delfín Rodríguez, comisario de la exposición de Bernini en el Prado, es una negativa incomprensible, ‘cuando hemos recibido la generosidad absoluta de todos a los que hemos pedido obras: del Vaticano, el Hermitage, la Reina de Inglaterra, la National Gallery de Edimburgo, la Academia de Bellas Artes de San Fernando o la Biblioteca Nacional, así como coleccionistas privados de todo el mundo’.

 

El Museo del Prado se constituyó para acoger las colecciones reales, y es por ello patrimonio común de todos los españoles, al igual que son todos reales sitios, palacios, obras de arte y documentación de Patrimonio Nacional, el organismo que administra estos bienes. Por ello es inadmisible la negativa de contribuir a esta excelente exposición con dos obras que, además, tendrían una ocasión de oro para su divulgación; porque el bronce ‘Cristo Crucificado’ (1654) está en una capilla del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial a la que no puede acceder todo el público; y el modelo en bronce de la ‘Fontana del Quattro Fiumi’ (1651-1665) se guarda en los almacenes del Palacio Real de Madrid.

 

La negativa de Patrimonio Nacional de ceder estas dos esculturas de Bernini para una exposición en el Museo del Prado es un ejemplo de descoordinación en la Administración del Estado, y pone de relieve el uso arbitrario de unos gerentes que actúan fuera de toda lógica. Alguien, en las alturas del Poder, debiera tomar nota para corregir estos ‘entuertos’.

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