Amalia García Rubí
Jueves, 26 de febrero de 2015
Hasta el 24 de marzo

Islas, cinco artistas contemporáneos en la madrileña iglesia de San Jerónimo el Real

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[Img #20578]En estos tiempos que corren cuesta encontrarse con proyectos artísticos que, sin querer erigirse en grandes propuestas, se salen de lo habitual o acostumbrado, y entran a formar parte de esos pequeños logros sin duda altruistas, eventos para recordar por su entrañable poética, y, por qué no, por su breve y deliciosa locura. La osadía, bien podríamos acertar a calificar así a este encuentro fortuito entre cinco artistas que de manera casi espontánea, nace de un deseo avalado desde la dirección de Poscontemporánea, Revista de Arte. El cometido, convertir temporalmente la iglesia de los Jerónimos de Madrid en un templo abierto al arte actual. Los medios, un puñado de obras de cinco artistas amigos, reconocidos la mayoría y con discursos tan distintos como milagrosamente convergentes. La exposición, un sencillo título, Islas, con muchas y variadas connotaciones literarias, históricas o simplemente morfológicas.

 

Son islas las capillas laterales de la iglesia donde los cinco artistas participantes han desarrollado sus respectivas obras. Islas también se nos antojan los breves espacios sagrados reconducidos y transformados levemente por las obras que los intervienen en un diálogo abierto y al mismo tiempo respetuoso con el entorno. Fotografías, pinturas, esculturas, instalaciones… cohabitan con las imágenes de santos, vírgenes, relicarios y demás objetos de rito en una singular y evocadora simbiosis plástico-conceptual. Y por último, de islas o supuestos aislamientos microcósmicos, parece querer hablarnos esta curiosa y bien planteada exposición, donde cada artista ha establecido un personal vínculo con la atmósfera de cierto misticismo que envuelve el lugar, sin intentar trasformarlo radicalmente, sino más bien adaptando sus creaciones a los distintos continentes de culto, cuya función inicial era la de servir de retiro privado a las familias de la rancia nobleza madrileña.

 

Desde las intervenciones luminosas de Boyer Tresaco, hasta la levedad surrealista de la escultura de Yolanda Relinque, pasando por las fotografías destinadas a fríos retratos de personas anónimas del artista José Luis Santalla, las magníficamente poéticas y bellas crucifixiones zoomorfas de Castrortega, y los cuadros de potentes colores pintados por Sicilia Sobrino. Un conjunto de trabajos que se sostiene tanto por su propio peso interior cuanto por la mágica relación entablada con el otro, y asimismo con el espectador activo que se introduce, pasea y se asombra en cada una de estas islas misteriosas, extrañas y propicias al ensueño.

 

(Iglesia de San Jerónimo El Real, c/ Moreto 4, de Madrid. Hasta el 24 de marzo)

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