Miércoles, 14 de abril de 2010
En el Palacio de Exposiciones de Roma

De Chirico, en el centenario de la pintura metafísica

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[Img #2328]Un joven italiano de 22 años, nacido en Grecia, Giorgio de Chirico, pintó en Venecia el cuadro "Enigma de una tarde de otoño", en el que plasmó la plaza de Santa Croce suspendida en el tiempo, en un otoño impregnado de melancolía. Fue el inicio del arte metafísico, movimiento vanguardista impulsor del Dada y el Surrealismo. Para conmemorar el centenario de esta obra, el Palacio de Exposiciones de Roma dedica a de Chirico una exposición comisariada por Archille Bonito Oliva en la que 140 trabajos del artista, algunos inéditos hasta ahora, señala ese brote pionero que fue abriendo cauces a otros caudales, en los que navegaron autores como Dalí, Max Ernst o Magritte, en una percepción que superaba la realidad vista para instalarse en la imaginación, en lo metafísico.

La exposición se titula "La naturaleza según Chirico", y está articulada en torno a siete secciones, en las que, a través de ellas se percibe una interrelación entre formas, conceptos, memoria y sensaciones. En el recorrido hay obras como "Naturaleza muerta con cabeza de escultura" de principio de los veinte, o "La sorpresa", una pieza que fue propiedad de Paul Elaurd y de Yves Tanguy, primicia en Italia; recorrido de este autor innovador que consideraba que todo lo concerniente al hombre giraba en torno a la naturaleza. "La naturaleza puede permitirse la prodigalidad en todo; el artista debe ser en cada momento parsimonioso. La naturaleza es fecunda hasta la confusión; el artista debe ser siempre reservado".

De Chirico realizó su primera pintura metafísica hace un siglo, justamente cuando los futuristas, con el poeta Marinetti a la cabeza, firman su Manifiesto revolucionario, en el que se escribe: "Queremos destruir los museos y las bibliotecas. (Vengan los incendiarios con sus dedos oliendo a petróleo!... Una motocicleta de carrera con el cuadro adornado con grandes tubos como serpientes de aliento explosivo...una moto reciente, que parece correr sobre el estadillo de una bomba, es más bella que la Victoria de Samotracia", señalaba Marinetti. Y de Chirico, en ese clima, traza un discurso metafísico que se escucha en una Suiza neutral, cuando algunos artistas de corte pacifista se refugian en el país helvético mientras los europeos sufrían la I Guerra Mundial. Fue en el año 1916, en una cervecería de Zürich, cuando elevan a categoría artística su actitud subversiva, cínica e irresponsable: allí nació el Dadá (nombre que suena a coña marinera), abuelo del Surrealismo.

La exposición de Chirico, en el Palacio de Exposiciones de Roma (ciudad donde se conserva su tumba, en la iglesia de San Francesco a Ripa, Trastévere), puede visitarse hasta final del próximo verano.
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