José Pérez-Guerra
Lunes, 7 de enero de 2019

El independentismo desprecia la bandera, al idioma español y a la monarquía, porque unen

[Img #30570]En el discurso pronunciado por el rey Felipe VI, con motivo de la Pascua Militar, reivindicó la bandera española como símbolo de unión entre ‘todos’ los españoles, porte ‘representa nuestra confianza en el futuro, nuestro deseo de seguir construyendo una sociedad libre y democrática, de acuerdo con los principios recogidos en nuestra Constitución’.

 

En la bandera al igual que en el escudo están los colores que animaron la España que se aglutina tras la Reconquista. En el año 1204, el rey Pedro I de Aragón firma una alianza con el Papado y recibe el título de Rey Católico, y la bandera de barras amarillas y rojas; las mismas barras rojas y amarillas  que aparecen en los uniformes del ejército castellano durante siglos. De ahí que cuando en el siglo XVIII fue necesario establecer una bandera para la Marina se eligieran estos colores, bandera que en el reinado de Isabel II pasa a ser la enseña nacional. Y en el escudo se aúnan símbolos y figuras de ese recorrido histórico, desde los reinos de Castilla y León a las Cadenas de Navarra, cadenas que recuerdan la batalla de las Navas de Tolosa cuando los reinos hispanos unidos derrotan a los musulmanes.

 

A la bandera española se le desprecia porque es la enseña de todos al igual que sucede con la institución monárquica a la que se el Parlamento catalán en manos separatistas trata de anular en territorio catalán tratando de proclamar una República que hasta ahora no es más que un proyecto de intenciones.

 

Y eso mismo ocurre con el idioma español, el romancero castellano que se universaliza y se convierte en lengua común que evoluciona convirtiéndose en idioma español, tan español que cuando el imaginario nacionalista vasco busca un nombre para agregar al histórico de Pamplona –ciudad fundada por el romano Pompeyo- eligen Iruña, con Ñ del español, porque este letra no existe en ningún otro idioma del mundo, y surge y se extiende en el siglo XVIII, cuando la N y la I de Hispania se convierten en Ñ (Hispaña-España). Sucede lo mismo a final del siglo XIX cuando Sabino Arana funda el PNV, diseña una bandera que no tiene relación con la historia vasca, muy en clave con la enseña inglesa que veía en los buques que atracaban en el puerto de Bilbao, y la llama ikurriña (ñ de España).

 

En Cataluña y en los llamados Países Catalanes (Valencia y Baleares) se persigue al español porque desde sus orígenes fue vehículo de entendimiento, al igual que sucede en el País Vasco y en parte de Navarra. Y eso a pesar de que siendo el español uno de los dos grandes idiomas internacionales, con el inglés, los mayores perjudicados son las nuevas generaciones que viven y vivirán en un mundo cada vez más interrelacionado.

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