Amalia García Rubí
Miércoles, 17 de noviembre de 2010
Madrid

Óleos recientes de Alwin van der Linde en Ansorena

[Img #3894]La galería Ansorena acaba de inaugurar la última exposición madrileña del pintor holandés afincado en España, Alwin van der Linden (La Haya, 1957) uno de los artistas más importantes del realismo europeo contemporáneo, íntimamente ligado a la escuela realista española. Pintura, video, fotografía, son algunas de las disciplinas de este prolífico autor.

El contenido de la muestra gira en torno a la conjunción de dos elementos, la piedra y el agua. Fluido acuoso, origen de vida, principio y fin en perpetuo movimiento sea en forma de espumeante oleaje que lame las orillas de una playa al atardecer, sea como el mar abierto incansablemente batiente contra las costas escarpadas; o como aguas heladas del curso alto de un río, corriente abajo, puliendo las rocas hasta convertirlas en infinitos cantos rodados de todos los tamaños y morfologías posibles; ya sea sino en forma de espejo de aguas remansadas que reflejan el mundo y cuya aparente quietud ha ido horadando imponentes bloques calizos en siglos, tal vez milenios, de erosión fluvial.

Más que el recreo en la anécdota, a Van der Linde le persigue el deseo de plasmar el misterio e incluso el simbolismo de algunos fragmentos de la naturaleza, como lo hizo en su día el francés Gustave Courbet al pintar Arroyo de Breme. (Hay que considerar las distancias lógicas de procedencia y temperamento, el carácter transparente, reposado, de la pintura norte-europea mucho más “veermeriana” y acorde a la manera de hacer de este holandés actual).

De lo concreto a lo abstracto, de lo pequeño a lo inmenso e incluso a lo inconmensurable, Alwin van der Linde nos hace partícipes de su lenguaje pictórico a partir de la materia viva, escurridiza pero al cabo, domeñable. Pintura y no imagen reproducida, ilusión óptica o imaginaria y siempre certera para la memoria humana. Pinceles que atrapan la luz, el color, la densidad e incluso el sonido de lo existente, no como es sino como se manifiesta en la mente del artista (Mis cuadros no buscan ser ni son igual que una fotografía. Lo que pinto es lo que quiero ver).

En total, cuelgan en esta sala alrededor de una veintena de tablas que pudieran configurar una serie bastante homogénea, junto a un buen número de óleos sobre papel dedicados a pequeñas formas líticas que el artista agrupa bajo el rótulo de “Pensamientos”, además de algunas pinturas de flores y obras sueltas de gran intimismo.

(Galería Ansorena, c/ Alcalá 52, hasta el 14 de diciembre)

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