José Pérez-Guerra
Miércoles, 23 de marzo de 2011

En Cuatro Vientos, hace 100 años, empezó a volar la Aviación Española

[Img #5551]El 13 de marzo de 2011 aterrizó en el aeródromo de Cuatro Vientos el primer avión, que, pilotado por Benito Loygorri, estaba destinado a la escuela de pilotos que allí nacía; acontecimiento recordado, cuando se cumple un siglo, en un acto celebrado en este sitio histórico, condenado a desaparecer. En enero de 1911 se compraron los terrenos de Cuatro Vientos y se gestionó la adquisición de aeroplanos; y el 4 de marzo, con toda premura, se publica en el Diario Oficial el Reglamento del aeródromo y la escuela.

Es la protohistoria de la Aviación Española. En una entrevista con Benito Loygorri publicada en el diario “Informaciones (6 de octubre de 1974), el que fuera primer piloto de nacionalidad española, con carnet de la Federación Aeronáutica internacional, expedido en 1910, me decía: “Vives y Kindelán se pusieron en contacto conmigo. Yo representaba en España la firma Henri Farman. He sido el primer proveedor de aviones de nuestro Ejército, porque por mediación mía se adquirieron dos biplanos “Henri Farman” con motor Gnome de 70 caballos y un “Maurice Farman” con motor Renault de 80 caballos, con los que contó la primitiva escuela. Y no sólo los vendí, sino que también llevé el primer “Henri Farman” que tomó tierra en aquella pista, con el que hice un vuelo oficial llevando como pasajero al ilustre Emilio Herrera...”.

Benito Loygorri, prosigue: “Este vuelo se realizó el 13 de marzo de 1911, a una altura de 200 metros y velocidad media de 75 kilómetros por hora, que entonces era una temeridad. Recorrimos unos 20 kilómetros en unos 15 minutos”. Lo hizo desde un lugar de la Ciudad Lineal; y pronto Cuatro Vientos se convierte en el centro impulsor de la aviación militar española, que parte de una primera promoción formada por Eduardo Barrón y José Ortiz Echagüe que fueron impulsores de la industria aeronáutica nacional; Emilio Herrera y el malogrado, por accidente, Enrique Arrillaja. Aeródromo con su torre siempre vigilante que cubrió una etapa de impulsos y desarrollo, ahora con instalaciones militares, sede de la Fundación Infante Alfonso de Orleáns con sus viejos aeroplanos en vuelo, y el Museo del Aire en su ámbito, un ámbito cercado por un urbanismo que ha crecido sin una planificación coherente.

Cuatro Vientos es el epicentro del patrimonio cultural aeronáutico español, y su futuro debe tener en cuenta esta riqueza colectiva de la que solo somos usufructuarios, porque la hemos recibido y debe transmitirse acrecentada hasta donde se pueda. Y aunque ya no sea posible su uso como aeródromo militar en activo –para eso hay otras bases con amplias y modernas instalaciones-, si debe conservarse, mejorando las colecciones, y documentos, de un museo que debiera tener un mayor rango para conservar los testimonios de la aeronáutica: desde los globos y dirigibles (Torres Quevedo), la aviación desde los primeros aeroplanos deportivos a los aparatos de uso militar y al transporte, a lo que representó el autogiro de Juan de La Cierva, con la astronáutica que sigue siendo un desafío.

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