José Pérez-Guarra
Miércoles, 2 de mayo de 2012
Firmado el 3 de mayo de 1808

El bando de los alcaldes de Móstoles, primer documento oficial de la Nación Española

[Img #9917]Hace poco más de dos siglos, los regidores del Ayuntamiento de Móstoles, pueblo cercano a Madrid, rubricaron el primer documento oficial de la Nación Española. Fue un bando dirigido por un concejo municipal, no a los componentes de la comunidad local, sino a todos los españoles, urgiendo a la defensa del territorio nacional; y que era, en suma, una declaración de guerra al todopoderoso Napoleón Bonaparte, emperador de Francia, así como el rechazo a un entreguismo que favoreció la instalación en nuestro país de una potencia extranjera, con la posterior cesión de la Corona que entonces conllevaba la soberanía total; y del servilismo de una clase oficial bien instalada que sólo buscaba el mejor de los acomodos.

De ahí los muchos escritos de aquel momento histórico. O eran críticas o narraciones de testigos formuladas a nivel personal, así como documentos de una Monarquía sin alientos: Fernando VII por errático y después por cautivo, y José Bonaparte por intruso, cuando el pueblo español empezó a sentirse Nación soberana, y no aceptaba que ésta terminase como una pieza de almoneda en manos de Napoleón. Por eso nosotros nos referimos, en esta consideración, al bando de los alcaldes de Móstoles como el primer aliento de una nación que nace con dolor, pero siente que respira, grita, y los ecos, como el escrito de los regidores mostoleños, se transmiten por doquier.

Poco antes del levantamiento del 2 de mayo en Madrid, con fecha 16 de marzo el decano y cámara del rey, Arias Antonio Mon y Velarde, dio a conocer una Real Orden, con instrucciones de Fernando VII, en la que se lee: “Amados vasallos míos: Vuestra noble agitación en estas circunstancias es un nuevo testimonio que me asegura de los sentimientos de vuestro corazón; y Yo, que qual Padre tierno os amo, me apresuro á consolaros en la actual angustia que os oprime. . Respirad tranquilos: sabed que el Exército de mi caro Aliado el Emperador de los Franceses atraviesa mi Reyno con ideas de paz y amistad. Su objeto es trasladarse á los puntos que amenaza el riesgo de algún desembarco del enemigo; y que La reunión de los cuerpos de mi guardia, ni tiene el objeto de defender mi Persona, ni acompañarme en un viage que La milicia os ha hecho suponer preciso...”.

Pero el viaje se hizo realidad y acabó en Bayona (Francia), donde tuvo que abdicar en ‘su amigo’ el Emperador. Pero este documento no es de la Nación Española, sino de la Monarquía absoluta reinante en España, que claudicaba ante un ‘caro Aliado’ que la menospreciaba. Y tampoco es documento de la Nación Española la proclama de “D. José Bonaparte, por la gracias de Dios y la Constitución del Estado Rey de las Españas y de las Indias” (no sabemos a que Constitución se refiere), que dice a los españoles el 12 de junio de 1808: “Entrando en el territorio de la Nación que la Providencia me ha confiado para gobernar, debo de manifestarla mis sentimientos. Subiendo al trono, cuento con almas generosas que me ayuden á que ésta Nación recobre su antiguo esplendor...Españoles, reunios todos, ceñios a mi trono...”.

No es un documento de la Nación Española, sino la proclama de un rey intruso, designado no por la Providencia, sino por su hermano el Emperador de Francia, que sigue considerando a los españoles súbditos y beneficiarios de su bondad infinita. Pero el bando de los alcaldes de Móstoles no estaba dirigido a vasallos de nadie, sino a los españoles de cualquier clase y condición que, por un cúmulo de desgracias encadenadas no tenían otro camino para defender sus tierras, y su honor, que empuñar las armas, y librarse de servidumbres nuevas y viejas. Fue cuando afloró, del viejo tronco de la Monarquía absoluta, una nación libre y soberana; parto realmente difícil... pero sigue en el camino.

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