Carlos Delgado
Miércoles, 7 de noviembre de 2012
Inicia en Rumanía una itinerante por Europa

Ciria muestra su obra en el MNAC de Bucarest

[Img #11707]En plena madurez como pintor, José Manuel Ciria está llevando a cabo una sorprendente reinvención de su discurso que da continuidad a su ya dilatada trayectoria y le sitúa como entre los artistas españoles de mayor proyección internacional. Desde que a finales del año 2005 trasladara su centro de trabajo a Nueva York, han sido muchos los hallazgos plásticos y conceptuales que han transformado las claves de su producción abstracta anterior, predominantemente abstracta y gestual, para derivar en un progresivo enfriamiento que, en sus últimas consecuencias, ha concluido en la incorporación de códigos figurativos.

La exposición “Ciria-Windows”, que esta semana se inaugura en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Budapest, recoge algunos de los momentos más destacados de esta nueva etapa. La muestra se abre con un tríptico de la serie “La Guardia Place”, primer capítulo de su nueva investigación sobre la línea como armazón compositivo de la imagen y de un diálogo abierto entre la referencia figurativa y la modulación abstracta. Pero el eje central de la exposición se centra en sus dos últimas investigaciones, concretadas en las series “Cabezas de Rorschach III” y “Memoria Abstracta”. La primera de ellas revela su reflexión sobre los límites del retrato contemporáneo y muestra rostros sobredimensionados en su escala, convertidos en campos de combate donde se establecen contrapuntos lumínicos y distorsiones cromáticas, poderosos primeros planos que apelan un crudo diálogo con el espectador. Pero, en cualquier caso, retratos, sin más derivas conceptuales ni exploraciones formales que las que se generan del deseo de convertir a la pintura en un fascinante acontecimiento plástico. Esta audaz estrategia estética le permite a través de una base sensible –alejada la fría temperatura de algunas de sus propuestas conceptuales más arriesgadas– conectarse de manera directa con el que mira.

El segundo conjunto central de la exposición lo conforman las obras de su serie “Memoria Abstracta” y que ilustran las nuevas cotas que alcanza el artista dentro de su reflexión sobre los posibles enlaces entre el gesto y el orden. La contención y enfriamiento al que Ciria ha sometido toda su producción neoyorquina plantea aquí una deriva tensa basada en la oposición radical de ambos extremos y que viene a mostrarnos que Ciria es capaz de transformar constantemente la piel de su pintura sin, por ello, anular su inconfundible identidad. Finalmente, y dentro de esta última serie, se muestra una gran instalación de suelo con una retícula de 20,40 x 8,40 metros que contiene 119 cuadrados cada uno de ellos cubierto de diversos elementos y telas manchadas de rojo, espectacular composición que recuerda el deseo del artista de convertir la pintura en un campo de minas para el ojo.

La exposición “Ciria-Windows” está patrocinada por Telefónica y después de su estancia en Bucarest la muestra visitará Praga, Bratislava y Berlín.

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